El día que te quiera
cuento colectivo
(La
historia comienza aquí)
"No me imaginaba... que eras tan Lelouch, tu beso en el vidrio dejó marcado el rouge..."Alberto Passini cantaba mientras preparaba el desayuno. Claudia Cohen todavía dormía, boca abajo en su cama la de Alberto y con la espalda al desnudo, mostrando apenas un atizbo de sus senos. Hacía varios años que Claudia se había marchado, y muchísimos más que no compartía su cama. Nunca antes le había preparado un desayuno. 1
-No lo creo....¿café?....¿y lo prepara Alberto?......"..mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos".....los versos de Benedetti me dan vueltas en la cabeza...mientras anoche me los decía yo me preguntaba cuánto será verdad esta vez. 2
Porqué pensar que no hay nada de verdadero, en eso, aquello que me susurró al oído la noche anterior. Benedetti me inspira una pasión indescriptible, él lo sabe, tal vez por eso se empeñó en recordar el poema, ese que es quizás uno de los más hermosos que conozco. Decidí pensar que es verdad, que tal vez Mario pudo expresar con palabras, lo que él no, entonces lo primero que le dije al irnos a lecho nocturno fue: " Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple... mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo, ni sé con qué pretexto, por fin me necesite. 3
Claudia no dormía en realidad, disfrutaba con sus ojos cerrados; todavía conservaba en sus labios el sabor de Alberto, una sensación de saciedad y plenitud la embargaba. Los recuerdos llegaron en torbellino a su mente de tal forma que no pudo suprimir una imperiosa necesidad de acariciarse lentamente. Alberto había sido en el pasado y ahora, el mejor amante que tuvo y ella sí que había tenido experiencias en sus 25 años, de las que dejan un dulce recuerdo y de las otras, las dolorosas, las tristes. Pero Alberto era distinto, con él conoció el amor por primera vez, con él exploró todos los secretos del sexo y fué el primer hombre por el que sufrió y estaba ahí, en la cocina, canturreando. Aún no creía en su buena suerte al encontrarlo en la feria del libro, pensó -la vida es buena. 4
Lo paradójico de encontrarnos cuando es la última persona a la que te querías encontrar, pero al mismo tiempo la razón por la que vas todos los años a la feria del libro, además del amor por la literatura, claro está. No me importa si todavía me quiere, si me quizo o me querrá, bueno..., si me importa pero no es fundamental. Prefiero pensar que es verdad, que me quiere, porque así me siento feliz, y todo lo demás, es placer añadido, como "táctica y estrategia" al oído llendo del living a la cama. 5
Pero inesperadamente, para mí claro, fue esa noche, la quinta consecutiva que investigabamos juntos, esa macabra noche, en la que encontré sobre la mesita de luz, la mía, un par de pendientes azules, que no eran los míos, sin decir palabra decidí acostarme a su lado, y mirando al lado opuesto sollosé durante toda la noche. Una atormentante idea atravezaba mi cabeza, estaba con otra. ¿Quién más podria ser?... 6
Y vaya otra, por que tenía que ser un putón para llevar unos pendientes de abalorios azules de veinte centímetros de largo. Por la noche, mientras daba vueltas en la cama, oyendo su respiración pausada a mi lado, me levanté al baño cogiendo los pendientes. Frente al espejo, los coloqué en mi orejas, intentando hacerme una idea de por qué una mujer podía lucir dos pendientes como aquellos. Ordinarios, bastos, de mal gusto. Parecían unos pendientes de espectáculo. De esos que las bailarinas de cabaret lucen sobre sus pechos, como dos hebras de cabello que bailan al compás de su cabeza.Imaginé los cuerpos de esas bailarinas entrando y saliendo de la cama de Alberto. Lo odié. ¿ Por qué tenía que reecontrarme entre una cabaretera y una fulana? Conocía a Alberto, su pasión por la escritura era tan sólo comparable a la que sentía por las mujeres depravadas. Era poco probable que los pendientes fueran suyos, jamàs lo imaginaría disfrazado de drag queen. Nunca pude explicarme por qué se empeñó en deshacer nuestra convivencia la última vez que llegó a casa borracho, del brazo de dos fulanas de la calle Montera. ¿Quería sordidez?. Algún día iba a atragantársele. Seguro. 7
Miré mis manos... miré los caireles azules... miré mis ojos en el espejo... Me miré a mí. A los ojos. ¿Tan poco valgo? ¿Cómo puedo ser tan gila? En lugar de estar saboreando el calor de mi cuerpo estoy imaginándome a esa tal vez mujer parada acá, donde estoy yo, desnuda como estoy yo ahora. ¿Donde está mi disfrute? ¿Realmente disfruto, o temo? Siempre temiendo perder todo, me estoy perdiendo a mí... Los pendientes estaban demasiado al alcance de mis ojos. Al despertarme empecé inconcientemente a buscar huellas de otra mujer. Maldita sea, ¡una vez pasado el momento del fuego comencé a buscar rastros del hielo por venir! Y lamentablemente los hallé. ¿Lamentablemente? Necesito un whisky. Necesito fuego. Necesito irme de acá. 8
Todos los placeres juntos no se comparan a la lujuria de sus caricias y el dolor, el odio que provoca al segundo no se calma más que con su entrega. El muy endiablado. Me sopla suave Benedetti y ardo en su cuerpo; me sopla hielo azul eléctrico y yo me salgo de su lado. Mierda 9
La verdad es que ya nada me importa, ni lo que yo siento por él, ni mucho menos lo que puede que él sienta por mi. Cualquier descuido, y otra vez siento algo, no entiendo qué sucede conmigo. Espero, todo el día y todas las noches, sobre todo las noches, que la calma serene mis ímpetus humanos, y pueda entrar en razón aunque no la tenga, todo es un juego, eso me parece, pero AMO, sin duda AMO. 10
"...amo a-m-o... esa palabra, esa incómoda palabra, esa pa-la-bra que tanto enredo y divinos cohetes al carajo a mandado. ¿A quién pilla hoy desprevenido?, ¿no suponíamos que tras tanta metafísica de bolsillo y ulas-ulas de contrabando la caída sería para otros?. Ya no guardo memoria nocturna de nuestras noches, menos de los días, sólo me alcanza su olor, la mezcla perfecta de lo animal y lo sensible, su aliento tras el cognac y el sanguche otoñal. La prefiero así, un fantasma en mi cama, el recuerdo, la nostalgia de algo que ya no es "nosotros", al fin y al cabo entre tanta tv de trasnoche, tanto libro por donde esconder los miedos y esperar, sí, porque eso ha sido lo nuestro, esperar... " Durante los días siguientes se fueron entregando a la dulzura, a la pasión y se dieron cuenta que el amor, esa sospechosa palabrita era como la miel, se les pegaba a la piel y les costaba sacársela y seguían con los ritos del café, los recuerdos universitarios, las miradas de menos de dos segundos y todo les era tan de fin de siglo, tan de "todo se ha dicho" y a pesar de todo aquello era tan fácil sacar de la cajita mágica a Benedetti y de ahí al cine y de ahí al apartamento y de ahí a mostrarse los gustos musicales, ponerse al día del otro vía discos compactos y perder y perder más tiempo hasta que el silencio les ganaba tanta falta de coraje y se acostaban lenta pero nerviosamente en la cama y de la sonrisa daban paso a las miradas casi eternas, en silencio, casi diciéndo... ..te amo, te veo ya tan repetida, tan gastada en mi mente y te amo como si fuese un pecado existencial, la cuna de todos los peligros, y te juro que no quiero entender. 11
La cosa está en que del entendimiento pudiera nacer esta vez lo otro, la maniobra recién aprendida. Demasiado inteligir con tan poco seso. Preguntar. Preguntar. A veces los simios sin pelo no hacemos mas que preguntar. Mejor así. Levantarse canturreando sin saber por qué y dejarse llevar por el olor de la cocina por las pequeñeces y el lavabo de la mañana. De hecho es un comienzo, las posibilidades abiertas. Quizás ella no rumie tanto las sinrazones y tanto desencuentro, a lo mejor, quizás... allí tienes las posibilidades asomándose. ¿Pero cuál de todas? Lo primero, decirle a la Lola que no va más, no vaya a ser que se presente en estos días con su facha evidente en estos días de Claudia, solamente Claudia. 12
¿Pero como decirselo ahora? Despues de esa noche de pasión en la que todo quedo en el olvido. En esa noche fatal que hizo que el dia que te quiera fuera el dia mas confuso de mi vida. Esa noche en la que el amor llego y no estabas tu. 13
Recordaba claramente, como la luna que la iluminaba, la noche cuando la conoció. Hacía su obligado paseo nocturno por las calles húmedas y halló el bar justo al alcance de la mano para huir de la lluvia. Lo primero que vió cuando entró fueron sus negros ojos que le escudriñaban detrás de un coctel con sabor a sol y con nombre de mujer. Lola, Lola es mi nombre, dijo ella cuando él le preguntó después de dos tragos e incesantes miradas. Era ella una gitana escapada de su España natal pero que traia consigo el sabor del sol y de su raza en cada movimiento. Esa noche se perdió entre antiguos caminos gitanos y descubrió que el sol del mediterráneo había llegado con todo su fuerza a iluminar momentáneamente su monótona existencia cargada de gris. Cómo decirle ahora que estaba dispuesto a cambiar el incontenible sol del mediterráneo, con todo su brio, por uno más local y cotidiano, pero largamente esperado? 14
Lo que sentía por esta nueva mujer era un enorme gusano caliente dentro de su pecho que se sacudía sin cesar, era una pelota que crecía, crecía, hasta hacerlo explotar de alegría. Sin embargo, el recuerdo del saber que debería sincerarse con Clauda era una astilla clavada, una basurita en el ojo. Dió un paseo por los caminitos de su mente buscando respuesta, primero con paso lento y tranquilo, luego la desesperación lo abrazó celosamente, lastimosamente, haciéndolo correr y correr hasta que creyó encontrar un lugar al abrigo de su preocupación, creyó encontrar la solución. Decidió regalarle a Clauda la realidad que ella quería recibir, envolverle una historia con papel plateado y un moño rojo, enorme. Una noche juntos, luego desenvolvería la mentira que a ella más le gustaba. 15
Pero él a quién quería engañar, Lola le daba cosas que Claudia no le daba y Claudia tenia cosas que nunca tendria Lola. Así de simple y así de complicado le hubiera ser Pigmalion para armar una mezcla de la dos, pero era un hombre simple, muy mujeriego pero simple, tan simple que pensaba que el amor le pasaba a los otros o a los desocupados como decia Oscar Wilde. Y ese bendito libro de Benedetti y las canciones de Serrat porque encima a Lola le encantaba Serrat interpretando a un Benedetti que ella no sabía quien era. Y allí estaba él preparando un desayuno para una dulce y apasionada criatura que se conmovía con los poemas de amor y el aún no sabía que había hecho él para merecerla allí rendida en el lecho y en sus brazos. Y él le estaba haciendo el desayuno. 16
Mejor le digo ya no va más con tostadas y dulce de leche, si pongo el disco es más fácil, no...., si pongo el disco nos entra la melancolía, y así no le puedo decir que mejor ya no, que lo de Claudia que ya se había terminado está volviendo a renacer, y que mejor malo conocido que una gitana por conocer. Mejor, mejor también hago café. 17
O si lo quieres, si tu bendito corazón así prefiere, me sirvo yo en la cafetera, me desdoblo dentro de una taza de peltre, me derrito bajo el amargo sabor café de tus mirada... ahora que recuerdo, siempre hemos sido un par de breves, pero conocidos amantes del café. Salgo de noche, salgo de día, canturreabas las trabas en tranvía; salgo de noche, salgo de día, y confieso en un camino insospechado que la Lola libaba hasta muy tarde, que la Lola era más melancolía. Quiero confesar que amé a Claudia, que las noches sin tí eran eternas, y no sólo el cielo -me dije-, sino las bromas pesadas sobre mi vientre abultado, sino mis manos prendidas de tus nalgas, sino tus labios prendidos de mi pecho... ¿de quién son estos pendientes, Alberto? ¿de quién? A que puta te le metiste entre las piernas ¿hoy? -le dije- o ayer... Claudia decidió marcharse, y yo decidí matarla: seré breve, le dije, de tomaré de la cintura, bendita cintura, y caerás de rostro al pavimento, ¿querías saber porque vivo en el 8vo. piso, eh? pues ahora lo sabes, para lanzar por la borda a las tontas que no aceptan mi estilo, mi modus vivendi... Lo demás ya lo sabe usted señor oficial ¿qué más quiere que le diga? 18
No estaba seguro. Aún sería dificil explicar que simplemente no supo amar como ella lo amó, que era un alma sin dueÑa y que no le importaba otra cosa más que no verla llorar en esa despedida. Era dificil porque había pasado buenos momentos con ella, era dificil porque la había querido a veces, porque ella como nadie le habia demostrado que la felicidad estaba para un hombre entre los brazos de su mujer. Por todo lamentaba no haber sabido amar. Por todo lamentaba ser un hombre mujeriego. Pero era así y no cambiaría. Ya estaba viejo para eso así que debía solo tomar una solución lo menos lastimosa posible y despues olvidar.19
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Lo lamentable del caso es que su gran amor no era ella. Su gran amor era Estudiantes. Hacía 15 años que no iba a la cancha. Y hoy se jugaba una parada brava. Con el empate se salvaba, Huracán ya casi condenado iba a buscar el milagro a La Plata. Hacia 15 años que no festejaba nada. Habían quedado atras esos años de gloria con el Narigón. Pero hoy la gente iba a estar feliz y él iba a estar entre esa gente. "Lo mandamo a la B al globo,lo mandamo", soñaba con los cánticos "Huracán, Huracán por el culo te la dan". Por qué tanta preocupación si al fin y al cabo el único que no te traiciona es tu equipo. Hoy era el día; que café ni que tostadas. Hoy era el día para reencontrarme con mi verdadero amor. "Estudiantes de la Plata, el gran campeón del Mundo" No dudó un instante. Tomó el celular y aún sabiendo que estaba durmiendo la emoción no lo pudo contener. Llamó a su amigo Diego que siempre estaba a la hora de las lágrimas y era el momento de que se encontraran para seguir a su amor; que mas aún se comparte con todos y no hay celos. Al contrario, cuantos más sean más amor habrá. 21
Mientras me dirigía a la cancha sospeché que tal vez nunca unos pendientes podían traerle tantas complicaciones a uno. Vale, de acuerdo, eran de la ramera del puticlub de la esquina que tiene por costumbre subir a casa, cuando cierran, y preparame un desayuno mientras me habla de su hijo que estudia para perito agrónomo allá en La Habana. Lola era ese tipo de mujer que hubiera creído, sin problemas, que dos almas envejecidas por la vida y el hastío, deciden subir a un apartamento para, entre tostada y zumo de naranja agrio, ver que el mundo es un asco. Lola no se hubiera puesto como una loca a indagar por la propietaria de los pendientes, ni en medio del sueño, me hubiera despertado con lágrimas por que una mala mujer hubiera pasado la noche en mi cama, olvidando los pendientes. No. Lola estaba muy por encima de esas cosas. Se palpaba en ella la sabiduría de la mujer fuerte que conoce la mínima importancia de la aventura pasajera, el valor del consuelo que un sexo pagado y sin alardes trae en las noches en las que el mundo parece un lugar demasiado ajeno al cubículo en el que uno ha ido viendo acumularse sus fracasos y sus decepciones. Lola hubiera comprendido, sin dudarlo, la necesidad que tiene uno alguna vez de sentir que es una mierda, y nada tiene que demostrar ni siquiera en la cama, y quien comparte su mierda, Yoselín, la fulana del cabaret de la esquina, lo hará sabiendo que no es el único, apreciando en él la charla y las tostadas, sin esperar palabras de pasión fingidas, ni siquiera acrobáticos esfuerzos. Y sin embargo, Claudia, Claudia niña princesa de cuento de amadores sin pausa, de románticos encuentros y pasionales noches arrebatadas, no deja de mirar con recelo los jodidos pendientes, y si supiera que Yoselín, tiene aún dos años menos, y su cuerpo es más experto y más sabio que el suyo, que por eso ya no espera que una piel y un cuerpo llenen un vacío de existencia, seguro que rompería a llorar y saldría de casa dando un portazo. Y quiero tanto a Claudia niña princesa, que me gustaría poder decir que los pendientes son un regalo, y abrazarla fuerte y que deje de asustarse por la vida, que ella se merece otra cosa distinta, y otro hombre que la quiera, y yo puedo tal vez vivir tranquilo, entre Lolas y Yoselines que desayunen mis tostadas en las noches de borrachera y dejen el calor de un cuerpo ebrio en mis sábanas y sus pendientes en mi mesilla. 22
Y Claudia sigue mirando con recelo los pendientes que brillan sobre la mesa. Imagina la vidriera de Heraklion, donde él seguramente los compró a escondidas, para otra, esos dos mínimos delfines de oro blanco que se habían robado toda la luz. La de la Isla, la que entraba por la ventana de la habitación de la Reina en Cnossos, la suya. En la duermevela, se le cruzan imágenes de la traición. Jamás lo hubiera pensado en ese invierno de pocos días que pasaron juntos, muy juntos, tan cerca del laberinto que daba miedo. Que asustaba como los sonidos de un carnaval tan ajeno... Mejor me voy de este lugar, de este otro laberinto. Caluroso, pegoteado de humedad y ajeno. 23
Es el tipo de castigo que Dios reserva para los que se emocionan con Benedetti - pensó Claudia en un sorpresivo ataque de inteligencia no edulcorada con tanta palabra pegajosa. Se quedó más rígida que un estaqueado. Esas palabras no eran de ella. Era hora, querida, que en tu vida entrara un poco de Marlow, para que no te la creas tanto. Prometo hacerme una pasadita de tanto en tanto. 24
Por fín Alberto terminó de preparar el desayuno, un poco quemado el pan y pasados los huevos por tanta caviladera. Ahora era el momento de enfrentar la otra realidad, la del trabajo, la de Mónica, la secretaria, con las ganas que lo miraba; la de Sofía, de contabilidad, que sumaba orgasmos y dividía su pasión entre el personal masculino de la oficina, aunque decían algunos a veces restaba una que otra fémina y así multiplicaba su deseo. Bueno, ¿y qué de ellas?, ¿acaso tendría que dejarlas sólamente en el lugar donde habían permanecido hasta ahora, en sus sueños y motivos, para encenderse excusándose en la imagen de sus cuerpos? Bueno, al carajo todo esto, pensó, ¿por qué debo decidirme por una sóla mujer?, ¿acaso no puedo amar a cada una con fuerza suficiente y con la suficiente particularidad para no tener que tomar decisiones antinaturales, como la de amar a una sola mujer, si todas tienen derecho? Decisiones, decisiones, quizá para el tiempo del almuerzo habría tomado ya una...25
El sol llegaría a su cúspide y después de eso, las 13 horas acaecerían ineludiblemente. El hambre arruinaría todo, esa necesidad primitiva capaz de enredarlo todo, de complicarlo todo. Diyuntiva existencial, libertad para elegir. Pero si yo quiero a todas, ¿cómo amar sólo a una?, ¿cómo decirle a Claudia?, ¿cómo contarle de los pendientes, de la Lola, de Mónica, de Sofía, de Yoselín, de fulanas y menganas? Miro el reloj, el segundero abate mis sentidos. Está bien, le diré todo- pienso mientras olfateo en el aire el bife de chorizo, aún invisible, que me comeré dentro de un rato. Ratito, ratón, ratón es como me siento, apesar de sobrellevar mi sordidez y mi penumbra como aditamentos que siempre condimentaron mi autoestima. La proyección de mi sombra sobre mis pasos comienza a estirarse. Llego al bolichín de siempre, desde la mesa (¡Qué suerte, hoy me tocó la ventana!) le grito a la Gallega mi pedido. Ella anota algo, se seca el sudor con el brazo y se dirige a la cocina. -Jodido hambre, deberé decidir. Me pierdo en la ventana, el vidrio acerca y aleja reflejos de personas, recreo la cara de Claudia, mi niña princesa y me da una bronca mezclada con sabor a barritas de chocolate de taza Aguila, mierda.... Hasta Benedetti se ha acercado a mi mesa, el muy turro, con su jopo formidable se ríe y escribe algo. Se para y me pasa un papelito: "SALVATE, mi viejo. Proponele UN TRATO. Esta es mi humilde colaboración". Y al final garabatea una fracesita con letra desprolija: ...Porque con estas o con otras palabras quiero decir que no sos tan sólo la querida muchacha que sos sino también las espléndidas o cautelosas mujeres que quise o quiero...... Levanto la vista, el cabrón ya cruzaba la calle, las risas se escuchaban desde acá. Mi bife de chorizo humeaba, lo raro es que tenía olor a ¿Claudia?, ¿Lola?, ¿Sofía?, ¿Mónica?, ¿Yoselín?..... Apronté el cuchillo. 26
Quien sabe de qué mujer le hablaría su corazón en ese momento. Empezó a comer mientras miraba por la ventana. El sol estaba alto en el cielo y las palomas del congreso almorzaban con muchísima más velocidad que él. Le gustaban las palomas. Desde pequeño no había otro animal que le agradara más. Quién sabe por qué. Ni si quiera él lo sabía. Depositó los cubiertos sobre el plato. Se concentraba s—lo en la visión de las palomas mientras el bife de chorizo se enfriaba solitario. Repentinamente algo de gran tamaño se paró delante de la ventana y ya las palomas dejaron de ser su punto de observación. "Carajo", se dijo casi a sí mismo. Puso unos billetes sobre la mesa y salió contrariado afuera. Ni siquiera habia comido pero se sentía furioso y así ya no podría. Estaba dispuesto a dar su mejor golpe a quien se hubiera parado delante de esa ventana porque simplemente estaba nervioso y ver esas palomas lo calmaba. El culpable de la interferencia lo pagaría caro. Fué una sorpresa, fué horrible ver que el obstáculo entre las palomas y él era nada menos que ella y él no importaba quien era. Solo parado en la vereda miraba a su princesita Claudia ser casi devorada por los labios de un hombre alto y calvo. Ahora ya no importaban las palomas. En realidad ahora ya no importaba casi nada. 27
"Mirá, Claudia, yo no soy setentista. Terminála con eso de contarlo todo. Hasta hace dos minutos, toda esta gente, y hasta las inmundas palomas de alrededor, seguramente pensaban que éramos la pareja más feliz del mundo. Un amargado que estaba comiendo, vos no lo veías porque estabas de espaldas a la vidriera, se paró y se fue cuando nos besábamos... Pobre tipo, lo alcanzaría y le diría que vuelva, que no sufra... Y que se termine de comer ese bife. Y te lo voy a decir, no sólo me repudre tu lenguaje meloso. «No puedo desprenderme de las imágenes del sueño de anoche. Esos aros azules, horribles, convertidos en dos delicadísimos colgantes que Alberto le había comprado a otra. Y en Creta. Qué extraño». Cómo se nota que no tenés hambre, mitómana delirante. Y lo último que te digo, basta de Benedetti, por favor, que lo único que me parece bueno de él es La tregua... y Gracias por el fuego, y algunos cuentos, y, bueno, uno que otro poema. No están mal los artículos de la época de Marcha... Andá, releé toda la obra de Benedetti mientras pensás en el que te inculcó el fanatismo. Este fin de semana no me llamés: me voy a Mar del Plata". 28
Claudia se queda mal, no le gusta que la maltraten y menos que lo haga el jodido de Raúl, que no tiene un ápice de sensibilidad. Lo de él es tan intestinal, "a veces no está nada mal" piensa mientras la recorre un breve, pero intenso espasmo. Ella sabe que solamente puede contar con él para la cama, como en aquellas noches de soledad y de frío, pero nunca podría amarlo; ni a él ni a nadie que no pudiera llorar o morirse de decepción. Otra vez estaba sola y no se la bancaba. Vivir sin un hombre no era para ella, el tiempo se volvía interminable y áspero, los segundos se le clavaban a la piel como alfileres y el reloj la maldecía, incansable: tic tac tic tac tic tactic tac..... Pensó en Alberto, a él lo amaba o por lo menos podía creer eso. Maldijo los pendientes en la mesa de luz, tan grandes, tan azules, tan evidentes. Deseó adivinar las orejas de su dueña, su macabro olor, su piel que la alienaba, dejándola sola, separándola nuevamente de Alberto. Comenzó a llorar como quien empieza a llover y regresó a su casa. De camino, a la vuelta de aquella esquina, Benedetti que vuelve y revuelve......Bla, bla, bla, La soledad ha empezado a doler. 29
La sentía dolorosa, como si la misma ermitaña soledad que golpeaba sus entrañas, quisiera huir despavorida a buscar otro ser más sólito que la contuviera. Maldito Benedetti, ¡inconmensurable creador de la belleza onírica!, su contradicción había aparecido nuevamente en su camino mental. Se dió cuenta casi de inmediato que estaba todavía en la esquina, haciendo nada y así lo llamaba ella al pobre Benedetti. Quiso seguir caminando y aceleró el paso en un instante... ¡pac!, su cuerpo seco y desplomado en el piso sucio y resquebrajado de la calle a unos metros de la esquina. -Claudia-, una voz musitó a sus fríos oídos. -Claudia-. Otra vez. 30
La voz se hizo penetrante, más aguda, dolorosa como la soledad. -udia. -udia..... El eco retumbaba en sus oidos cada vez más fríos, pero más cerca de esa voz. -Claudia. Sonaba ahora más cerca y dulce. -¿Qué te pasó? 31
-¡Nada!-latosa. -Por que habría de pasarme algo, ¿que me pasó? -¡Usted quien es para decirme que a mi me pasó algo!,-ya con una perturbación significada. -Salga de mi camino por favor,-formulando una falsa cordialidad ante aquella persona ahora mas clara. Pero no pudo seguir caminando, para así poder llegar a su casa y resguardarse en su plasmada controversia, por que cuando caminaba no caminaba. Era como un sueño, que cuando crees que corres o caminas, en realidad no lo haces. Siempre te agarran. -Claudita querida, soy Benedetti. 32
Ese nombre le sonó rotundo y en su mórbida piel elebósen esas pequeñas montañitas provenientes del escalofrío pasmante. Claudia nunca, hasta ahora, se había desprendido del suelo en el cual se desplomó. -Mi querido Benedetti, ¡Benedetti! -sshhu, tranquila. 33
-Has estado muy tensa todos estos días. -Pero, es que... -Es común en una situación como la tuya. Tus sentimientos amorosos te opresionan un poco. La conversación estaba elevada a un tono de vos extremadamente leve. Inoportuno, Mario se calló unos minutos y aparecieron en el plano las voces extrañas de la realidad. Un amable taxista se ofreció a llevarla cuando un peatón le gritó a las corridas que se detuviera para socorrer a la muchacha. Allí estaba nuevamente la molesta realidad para Claudia. Aquella realidad insoportable, que le confería, simple y opaca, la verdad de sus momentos. Pasó a ver borrosas las imágenes rápidas a través de la ventana del auto. Su cabeza se balanceaba de un lado a otro con un peso casi muerto sobre el respaldo superior del asiento trasero. No asentía su destino próximo que seguramente en un estado de mayor conciencia lo habría negado. Volvió a desvanecerse. 34
Su cabeza ya era un juego de billar. Sus neuronas se movian y no coordinaba. Se olvidó de Claudia, se olvidó de Lola, se olvidó de todo. Hasta se olvidó de Estudiantes y de su amigo Diego que lo plantó en 51 y 4. Solo recordó al encender la radio y ni esa le salió. Ganó Huracán 2 a 1. Sobre el final, en el ultimo minuto, con gol de Calvete. Ya no soportaba más. Ya llegaba su final.... 35
Calvete gritó ese gol como el mejor de su carrera, mientras que se ponía a pensar en todo, en Claudia, en las palomas. Y su final llegó por sorpresa. 36
Aunque todavía sin poder entender por qué pensé en Claudia, seguí paseando mis memorias y vi de repente el reflejo de la cara de Ricardo, mezclando poxirran sobre aquel maldito espejo roto. 37
Arrorró mi nene arrorró mi sol, era la único que me consolaba en quellos días opacos. Claro que ni Carlos ni Claudia sabían al respecto e incluso jamás sospecharon que le canté el arroz con leche, .......bah, ¡qué orgulloso el oso mimoso! 38
Claudia no conseguiría salir ella sóla de aquel recuerdo. De aquella tarde en la que el propio Benedetti, la tomaba del brazo para bajarla de esos cielos de letras que él y unos pocos más como él, construyen para que la gente corriente, como Claudia niña princesa de cuento, tengan un laberinto propio en el que perderse, un escalera de amor imposible, en la que cada peldaño sea un más difícil todavía, en definitiva, uno de esos hombres que damos en llamar poetas, por esa labor que realizan de construir imperios de lo posible, e incluso plausible, acerca de hechos poco probables, seguramente imposibles, como el amor sincero. ¡Ardua tarea que los Benedettis del mundo soportan!. Estas pequeñas penitencias las afrontan con estoicismo, con la misma poca alegría que cuando una mujer bellísima les compra un libro, cualquier libro de poesía, por que en realidad los tiene todos, le pide que lo dedique a su nombre y le pregunta: -¿Don Mario, qué edad tiene Vd ya? El viejo arrugará la cara y con gesto de impotencia, mientras piensa qué carajo le importará a la gente saber los años que le separan de la muerte y contestará que unos setentaynueve. Que al final, son miles de vidas las que separan ese mostrador de tenderete, de esa joven que se pierde en la multitud, con su moño de fiesta, su traje oscuro y un libro de poesía bajo el brazo, que servirá para que cualquier noche, eche en cara a su Alberto, unos pendientes imposibles o abismo que se abre en la mitad del colchón y las sábanas. 39
-Buen día doctor Peralta, y bienvenido al equipo. Mire, este es el historial de la paciente Cohen, que usted pidió. -Ah, gracias. Si, Claudia Cohen. Es un caso increíble. Una chica por lo demás sana, abandonada así por los familiares. No se puede creer. Hace seis meses que está acá, ¿no? -Sí, ese chico Passini, el que está con ella ahora, es el único que viene a verla de vez en cuando y le demuestra mucho cariño. -Ah, eso es importante. -Claro, aunque lamentablemente ella no da ninguna señal de receptividad. Y no solamente por los sedativos que le administramos los días de visita; esta chica desde que la trajeron de traumatología el primer día no ha avanzado en lo más mínimo. Es uno de los casos de esquizofrenia más cerrados que hemos visto. -¿Pero porqué la están tratando con psiconálisis? Si no hay contacto con los familiares, me parece una pérdida de tiempo... -Bueno, ejem, estamos trabajando sobre claves sueltas, habla siempre de unos pendientes, también parece que gustaba de leer a Benedetti. -Veo aquí que es la única terapia que han aplicado hasta ahora. -Sí, así es, doctor. -Bueno, bajo mi dirección vamos a hacer algunos cambios en el servicio de atención interna. Quiero que me programe un tratamiento de electroshock y coma insulínico si persisten las explosiones de violencia. -Bueno doctor, pero algunos avances estabamos logrando. -Mire doctor, vamos a concentrarnos un poco en la eficiencia, ¿eh? ¿Me trajo los otros historiales del ala B? 40
Claudia lo miraba sin expresión en el rostro, los ojos vidriosos. -Claudia, Claudita, vamos mi amor, haz un esfuerzo. Tu viejo ya dijo que no va a venir. Tu vieja te quiere, pero vos sabés como vive con miedo. Yo sólo no te puedo sacar de acá. Tenés que ponerte las pilas Claudita, vos sos la única que puede hacer algo... -Señor Passini Alberto se dió vuelta y vió al doctor Aníbal, siempre con esa sonrisa campechana. -Ah, buen día doctor. -Mire Passini, tengo algo importante que comunicarle. 41
Arrorro mi nena arrorro mi sol, parecia inevitable el volver a repetir la terapia de los años aquellos que llenaban a Claudia de una interminable paz, al menos por unos cuantos minutos, pero ahi estaban los medicos, detras de las plasticas cortinas, observando. 42
Como enferma el amor......y que será eso,supuse que la buena nueva de la ilusión...esa que claudica no mirá más..... espíritu que salé es imprudente... me deja en verguenza como si un hermanito menor...... El dia que te quiera....dejaré de sentir el remordimiento por nuestras noches imposibles, no subire en la cúspide, impotente y tremenda por el desafío nocturno de palabras y besos agotadores.......... que princesa voy a ser después de todo, te dí lo que quise darte Alberto, de mi alma te dí todo deberías de llamarte Carlos......algo que escribía en el secreto de su diario ecológico de hojas cafés tierra pero que secreto, si siempre se escribe para que alguien lea.....al menos la conciencia, al menos el polvo y la obscuridad, al menos quise que leas tu Alberto para sumarme al incontrolable número de tus aventuras........ya no me acordaba de Benedetti, después ya no de tus ganas de matarme esos perversos lagos de tus ojos que se sumen de repente...unas veces en los míos, unas veces en mi vientre, pero mis ojos eran ahora azules de tanto recordar solo los pendientes.......ya no sabía ni de donde había salido el recuerdo y la rabia que todavía sentía poquita y perturbante como el pinchar de un alfiler. Había dos procedimientos para abordar a Alberto y su verdad, aunque no era 7 de mayo...................... no tengo ganas de conquistarte dime que es lo que es esto..... Claudia hablame!!! dime que es lo que dice tu rostro incoloro dame tus pensamientos..... 43
El Dr. Anibal le pidió a Alberto que lo acompañara a sentarse en un banco a la sombra de un árbol. Claudia seguía balbuceando quedamente sentada sobre el césped, el sol estaba que arde ese mediodía, pero no había forma de llevarla a la sombra, ella se instalaba en el centro del jardín, donde el sol quemaba de la mañana hasta el atardecer. Esos días no comía nada, sólamente tomaba un baso de agua a la mañana y otro cuando se ocultaba el sol. Se había transformado en una planta tropical. -Escuche Passini -dijo el Dr. Anibal un tanto tenso, miránd a Alberto fijamente- lo que le voy a decir es totalmente a títuo personal. Claudia es una chica hermosa y yo sé usted la quiere sinceramente. Y lo más importante es que ella guarda un lugar en su corazón para usted. Alberto y Benedetti, Benedetti y Alberto, otros nombres no sabe decir. Mi nombre, por ejemplo... Yo le voy a pedir algo que va en contra de mi profesionalismo. -dijo acercándose a Alberto y bajando la voz. Alberto le apartó la mirada, inquieto. -Quiero que se la lleve de aquí, que la saque del sanatorio cuanto antes posible. Y no me refiero a darla de alta administrativamente, usted tiene que raptarla Passini. La respiración del doctor se había agitado levemente y había tomado a Alberto por el brazo. Alberto no daba crédito a la situación, miraba al médico con el ceño fruncido, entre el terror y la risa. -¿Cómo?- preguntó por fin. -¿Usted sabe lo que es el coma insulínico?- replicó Anibal bajando aun más la voz. 44
Hasta ese momento todo tenía concordancia con el sueño que se edificaba en la cabeza de los personajes. Sin embargo, todo había sido una ilusión, de esas profundas, de las que más duelen. De aquellas ensoñaciones que a veces creemos que pueden llegar a ser realidad pero son tan difíciles de materializar que finalmente no llegamos a conocer jamás. Así, con la lluvia sonando cursil, como estas palabras, la noche había dejado un reguero de cosas no dichas para cualquier día que quisieras amara de nuevo. 45
A la pobre le falta la insulina, no le alcanza la glucosa, y usted quiere que la rapte.........Pero que clase de animal es usted!!!! problemas y problemas es lo que a esa chica le gusta más tener...... con el recuerdo, con el equilibrio, y ahora con el páncreas......esto no me sirve mucho si lo que quiero es darme cuenta de mi amor por ella........esto no me da más para quererla....al contrario me ha despertado el instinto humanitario..........casi fraternal......me siento casi comprometido con la humanidad.........de cuidar a Claudia de darle un apoyo parece ser el ser mas solo y desprovisto del planeta......verla asi, al grado de desimportancia que ha llegado, no sé porque extraña razón no sentirá el calor de este sol imposible........ Ahí flaca y deslumbrada.....todo a su alrededor era blanco Claudia creia que estaba enferma de una infección estomacal o algo asi........tal vez en el fondo sabía que estaba tonta por esa esquizofrenia despiadada aunque no más que la diabétes de insulino dependiente que la hacia padecer esos comas terribles de los que ni siquiera se daba cuenta.....creia que el recuerdo la hacía sentirse tan mal...creía que el amor la enfermaba..........y era tan joven y por ser joven tenía esa enfermedad... que la hacia sudar cuando hacía mas frio sentir que aquel individuo de mirada insistente que le apretaba la mano, que aquella mirada le aportaba la sombra difusa de su pasado común....no era más que una voz al oido y algo que no existe... era irónico....... Se había quedado ahí....en el pasto....en las tardes de conquista, el amor chiquito y joven se la pasaba esas horas de hospital blancas e insipidas, pensando en como conquistarlo........ 46
Con el páncreas en la mano, de a ratos, se hacía más dificil poder pensar en la conquista del hombre querido, del tiempo perdido, de la calma diezmada por esta locura indescifrable. Aún tendida en el pasto, cabalgaba con el sol, por recónditos lugares de su oscura mente, de una mente en médanos insostenibles por la realidad contundente de estar encerrada, enferma del páncreas y sobre todo, enferma de amor. Y qué, en definitiva, enferma más que el amor?, piensa Claudia en plena cópula con el cielo. Su rostro ya no brilla, guarda pinceladas de sombra bajo los ojos. La soledad siempre se encarga de alienarte. Si a esto le sumamos los electro shock y las drogas, la vida se vuelve sólo un murmullo nebuloso, en la que uno queda suspendido. Desvariar es parte de la travesía que nos imponen las salas totalmente blancas, cada vez más blancas, dolorosamente blancas... Alberto, a veces me mira desde el cielorraso, también me sostiene la mano junto a la cama y otras, se confunde con la tarde. Alberto, Alberto, si pudiera conectarme nuevamente, salir de este atolladero de nieblas, donde se desdibujan los contornos de las personas, de los momentos, de las cosas. Sin embargo, adentro no es tan distinto de afuera: sólo el tiempo es distinto, se distoriciona, te cae encima como una ténue garúa invernal, constante, helada. Acá, tu nombre ya no te pertenece, juntás mugre bajo las uñas, perdés el pelo y hasta los dientes, pero todo es tan espeso que no te das ni cuenta, salvo cuando viene Alberto y se desconcierta con mis brotes de lucidez aparentes... Devuelve la mirada un tanto desteñida al portón de entrada, -Y Alberto que no viene... Hoy, justo hoy que decidí reconquistarlo... De una radio portátil, el flaco Spinetta alucina con el Capitán Beto. 47
¿Conquistarlo? ¿Oi bien? ¿que dije? ¿conquistarlo? ma'fan culo, va. conquistarlo, niente. conquistarme a MI, conquistar el espacio, el tiempo que el y los otros me robaron. Conquistarme a mi, re-conocerme, volver a nacer, sin Albertos, sin putas de pendientes azules ni gitanas de ojos negros.¿Cuando vamos a decir basta? ¿Cuando voy a decir basta? Si las otras no quieren, alla ellas. Yo si quiero. Quiero un comienzo nuevo. Quiero paridad. Quiero honestidad. No quiero amor entre sabanas temporales. No quiero hombres con putas en mis sueños. Hoy nazco. Estoy naciendo. Pulso, lloro. Estoy viva. Me levanto y dejo esta Claudia asfixiada por un pulmon social aplastante. Me di vida. Una vida egalitaria, sin esperas de llamadas, sin Albertos con putas de ojos negros, sin amor con mayuscula. 48
Sin embargo, Alberto volvió a aparecer esa tarde, en un horario poco convencional, casi cuando oscurecía. No entró como solía hacerlo. Fue misterioso. No eran horas de visita. Irrumpió en mi cuarto. Con un dedo sobre sus labios me sugirió que no hiciera ruido, y me extendio su mano. Aquella mano que tan bellos y profundos versos alguna vez me escribio. Aquella mano que tan suavemente, antes, solía acariciarme. Basta de Alberto, basta de Albertismo. Yo no acepto esa mano. De pronto se oyen pasos que retumban en el pasillo y los ojos de Alberto me suplican que me levante de esa cama en la que estoy postrada. No quiero. Cierro los ojos, y pierdo el control, Alberto me tiene en sus brazos y me saca de ahi, atravieza el pasillo, el jardín, el umbral... Para un taxi, me sube y luego sube el. - A Tacuarí al 1500. El taxi arranca y Alberto me mira. Nuestra mirada se cruza y por sus ojos puedo ver su vida...Benedetti, putas, aros azules, gallegas, rusas, oficinistas...Mierda, mas mierda...En el fondo de esos ojos...En el fondo de esos ojos una niña princesa de espaldas, no puedo verle la cara...Gira...Claudia...Yo. Alberto me toma entre sus brazos y me besa. -Tacuarí al 1500. Son ocho pesos. 49
Alberto apareció esa tarde en mi cuarto, me saco de alli. Sigilosamente atravezamos el pasillo, la escalera, el jardin, el umbral. Una vez en la calle, paro un taxi. - A Tacuari al 1500 De pronto nuestras miradas se cruzaron. Y comenze a ver en sus ojos toda su vida proyectada...mujeres...futbol...aros azules...putas...oficinistas...gallegas...En el fondo...una niña princesa de espaldas...comienza a girar...es...Claudia...soy yo. Alberto me toma entre sus brazos, el tambien fue testigo y complice de su propia revelacion...me ama, me besa. -Tacuarí 1500. Son ocho pesos. 50
Rebusqué en mi bolsillo, extraje los ocho mangos y se los entregué al taxista.Me bajé del taxi y nada mas poner el pie en la vereda la imagen de Claudia se apoderó de mis pensamientos, mis musculos quedaron bloqueados, no podía dar un paso. El pelotudo del taxista se quedó mirandome. Lo miré y mi agarrotamiento me impedía decirle nada. El tipo puso en marcha el auto y me dejó en medio de una nube de nada. Así es como me sentía en ese preciso instante: como una inmensa y absoluta nube de NADA, una metafora de ser vivo, un ser deambulante entre mis propios temores y absurdos. El taxi se alejaba como yo mismo me alejaba de mi, de mis recuerdos, de mis ilusiones, de mi propia vida. 51
Aca estoy otra vez en ese departamentp, en esa cama en las que tantas veces hicimos el amor, y el esta aqui, sentado a mi lado, llorando silencioso. Lo veo a los ojos desorvitados, como los mios y veo miedo, miro mas alla de sus pupilas y veo mis ojos, tambien con miedo... Nos abrazamos, ambos sabemos que es demasiado tarde, ya mi locura le pertenece. 52
Tal vez la locura sea transferible, igual que otras pertenencias - pensé- como se trasfieren unos pendientes de puta barata, o una firma electrónica. Y durante largo tiempo, me quedé pensando en qué derechos de trasmisión serían imputables en ese caso. Le miré. Debía ser Alberto. Ese hombre que recorría mis pasos cosido a mi sombra.Él que me encerró en aquella clínica psiquiátrica.El que recitaba a Benedetti para dejarme luego sola, hundida en mis problemas, llamándome princesa. 53
A las 9:00 AM sonó el "adorable" despertador. Ella seguía sumida en el más profundo de los sueños, quizá recomponiendo y realimentando la materia gris derrochada en sus innumerables y agonicos esfuerzos por comprender. Comprender ¿Qué?. Yo hace bastante tiempo que renuncié a comprender (¡¡Maldito verbo!!), a intentar encontrar respuestas a mis infinitos "porqués".Renuncié a comprenderme.Llegué a la conclusión de que lo mejor es dejarse vivir: si no podía obtener el amor absoluto de Claudia porque no podia tener a Claudia dentro de mi, por lo menos me tenía a mi mismo y a mi propio amor por mi, ese amor basico que todos los humanos olvidamos. Me dí una ducha de agua helada, me vestí, agarré todo lo necesario para disfrutar de un mate (todos los arreglos y, cómo no,mi amado ejemplar de "Sobre Heroes y Tumbas") y me fuí caminando hasta la Costanera Sur.Una enorme sensación de Alegria me invadió: Buenos Aires me saludó, y yo le contesté con una amplia sonrisa. 54
Si Yoselín hubiera estado en casa, no hubiera dudado en preparar el café y las tostadas que tanto le gustan. Hoy podríamos haber hablado de nuevo de su hijo que estudia en La Habana.Le hubiera sonreído esas historias de siempre,mientras le recordaba que antes de marcharse, por favor, no olvidara de nuevo sus pendientes. Si Lola hubera pasado la noche conmigo, probablemente todavía estaríamos hablando de los misterios del mundo, entre copas de brandy semivacías, hurgándonos el vacío y el resquemor que deja en el alma el rechazo de un ser que nunca nos comprende. Afortunadamente, me encontraba sólo. O con los retazos de Claudia niña princesa de cuento, que no sirven para gran cosa una mañana, si uno tiene ganas de leer un libro, y sonreír a la ciudad que le pongan delante en la ventana. El día que te quiera de verdad Claudia, seré capaz de abandonarte, me dije somnoliento todavía, retirando de la mesilla una cadena dorada, con un horroroso corazón de coral. 55
Tanto pensar que no sé cuándo me metí en este bar de Arenales. Se me borraron los lugares por los que pasé (¿y cuándo llegó el mediodía?). Hace un rato era la Costanera Sur. Cómo habré venido a dar al Barrio Norte, tan extraño a mi biblia hereje, devota de Parque Lezama. Túneles del pensamiento. Horas y horas anduve. Idiota bar sin teléfono: la mitad de un bar. Y tengo que. No. Sí, tengo que llamar para darle el número de una vez por todas. No conoce mis miedos más infantiles: dárselo y pasarme el día esperando que me llame. 56
Claudia lo oyó salir, prefirió hacerse la dormida, esperando que el se acercara a despedirse, aunque sea dejandole un beso en la frente, pero el no lo hizo. ¿Por que diablos lo amo de esta manera, por que diablos estoy tan aferrada a el?; Él me daña, a conciencia, me elevaba y me hacia caer, me mata y me resucita, me acerca y me aleja... ¿Como puedo seguir sintiendo ese amor, como puedo dejarme llevar a la locura?, como si eso me salvara, como si eso fuera a quitarlo de mi turbia mente... Masoquista, eso es lo que soy, una pobre y estupida masoquista, él es mi arma, es mi puñal, es el cuchillo que usaré el día que junte valor para acabar con mi vida, esta vida que no me pertenece, esta vida que se la di a el, ese día, ese maldito día en que me dí por completa, en que me saqué todas mis corazas para mostrarme desnuda ante el, ese día perdí, ese día salí de mi para estar en el. ¿Dónde esta ahora?. ¿En qué cuerpo estará liberando sus temores?. Miró la mesita de luz, no estaban los pendientes, en su lugar estaba Benedetti, mejor leer a buscar respuestas; Tomó el libro, que sabía de memoria y leyó: Porque te tengo y no, porque te pienso... 57
Perdida en el laberinto de nuevo, Claudia entraba a desvanecerse de nuevo entre las letras de Benedetti. " Mi reino es de este mundo. Carceleros y cárceles y espadas ejecutan la orden que no repito. Mi palabra más ínfima es de hierro. Hasta el secreto corazón de las gentes que no oyeron nunca mi nombre en su confín lejano es instrumento dócil a mi arbitrio" Si ella hubiera sido capaz de cambiar de libro. De perderse en nuevos laberintos, encontrar al azar fragmentos como el tamerlán Borgiano, tal vez entre letras y pendientes, un Alberto con cabeza de toro, dejara de perseguirla en sus pesadillas para despertarse una mañana, limpia, alegre, y con una página oculta esperando ser leída. 58
mi táctica será quererte, como el patio dulce, infinito que se olvida muy temprano de las costras... mi táctica será suave, sutil. Desembocaré en un río por las tardes y mi boca dará vueltas en tu boca, Claudia, mientras mi sexo raspa contra el tuyo, Claudia. mi táctica será quererte poco a poco, dolido, cuando la noche expresa sentimientos, cuando la calle por sí sola, desolada, impidiendo el tránsito de peatones... pero mi estrategia será otra, más fácil y sencilla, olvidarme de tí, Claudia, pero sólo olvidarte cuando estés conmigo. Cuando te vayas mi cabeza estará situada en otra, en alguna... ¡basta de cabronear! No perdamos pues las esperanzas, quiero pensar que soy ninfoniaco, quiero pensar que cuando me levento sorbo café frío por miedo a calentarlo, quiero pensarme desnudo y con los calcetines negros, quiero pensar que 59
puedo odiarte... aunque te ame... claudia, quisiera odiarte, quisiera perderme entre ese ojal íntimo y rosado de cada mujer que me desprecia cuando le meto la mano entre las piernas viajando en el bus, de cada mujer que veo caminando por la calle... ¡explícame por qué no puedo!, ¡tienes que decírmelo!, ¿por qué cada vez que regresas te abro la puerta, dejo que te metas en mi cama y no impido que arranques las nuevas capas de piel que echo encima cada que te vas? por eso, cuando al dar vuelta a la calle y no encontrarte, al ver solo ese maldito poste de luz frente a mí, lancé con toda mi furia ese golpe terrible, con el cual pudiera localizar todo mi dolor en esa mano amoratada, hinchada... para que solo esa mano te extrañe y el resto de mi cuerpo pueda vivir, sentir, llorar y ¿por qué no? amarte de nuevo... que con este conjuro lanzado pueda yo exorcizar de mis vísceras tu recuerdo... 60
En un ataque de furia, Claudia juntó Benedettis, aros reales y oníricos, Albertos repetidos y los tiró por la ventana. Ya no quiero sucedáneos de Alberto, ya no sé si lo quiero. Ahora empiezo a narrar yo mi libro, a tejer la trama con otros intertextos, a armar el montaje de la película con los fotogramas que decida. Alberto se me aparece al final de una calle vacía. En el celuloide y en el guion, encuentro asombrada 61
Pero de donde salió este sentimiento bizarro insoportable...este amor....esta furia....si nuestros encuentros han sido siempre tan cotidianos....excepto uno o dos hospitales....tan poco planeados....tan del mismo color...su departamento parece de un café por el cuál no pasa el tiempo...empolvado café..amarillento...y si no fuera por el sexo....tal vez nuestra relación fuera totalmente casta..inmaculada....novelesca y más aburrida.....es ese color de todo lo que es su vida el que me da dolor de cabeza.....letras en libros..tardes buscando que hacer....para después sin el menor aviso ponerme a viajar..pensar y pensar....pero que con esta vida sedentaria que solo me da para pensar.....ser real es lo que quisiera..pero si soy un espejismo....el humo de un cigarro que alguna vez fué absorbido....que alguna vez fué gris....que alguna vez fué sacudido y enviado desde cerca hasta muy lejos hasta la nada de las nubes.....una aventurilla al menos....y que tal que me llegará alguien...un encuentro insospechado.....pero no ninguna cita rápida a partir de dos miradas en la calle en el autobus.....NOlo que pido es un cuento bien planeado...lo había estado deseando pero no lo habia pensado...que más da al fin y al cabo no te amo de verdad....al fin y al cabo estoy enferma....al fin y al cabo no voy a dejar de tenerte en la mente......que tal unas flores para empezar....que tal un libro.....que tal un beso en el cuello y una apetecible colonia fresca....de alma joven...de cuerpo salido del mar.....una affair pido por un affair inolvidable que me haga conectar el que hacer con el pensamiento de vez en cuando y asi tenga yo por que creer en algo y asi tenga yo razón para buscar ayuda......una hipotesis bien puesta sobre mi profunda afición por Alberto...una insulsa confrontación aunque sea descolorida que me haga comprobar que lo que tengo por él no es importante que me de vida diferente....procuraré que no este lejos..al fin y al cabo la palabra tiene poder.....los pensamientos alcanzán y arden...las miradas tocan........ 62
De nuevo volvía a sus recuerdos atormentados. De nuevo perdida en las dudas sobre aquel Alberto que fumaba como nadie en su pipa, mientras sus ojos se perdían en la inmensidad del océano, dibujando fantasmas, mujeres, aros con los que atormentarla hasta la locura. Nunca la quiso. Si no, la hubiera dejado. Estaba anudado a ella como el perro que necesita huesos que roer. Debía deshuesar la pieza, poco a poco, para poder paladear cada uno de sus delirios. Ella, más hambrienta que los perros callejeros, moribundos que sobreviven al hambre y a las pulgas hasta que un camión los arrolle, se complacía en volver una vez y otra a el amo que le apalea, a cambio de unas migajas, un resto, las sobras que siempre tiene dispuestas antes del próximo golpe. ¡Sólo una página, Claudia!. Cambia de una vez el libro,y escucha al conde que le instruye, le grita Maldoror desde el rincón de un estante olvidado. "Oh adolescente de rubios cabellos, de tan dulces ojos ¿harás de una vez lo que te aconsejo? Quiero a tu pesar que lo hagas, y así complacerás mi conciencia. Tras haber hablado así, harás daño a un ser humano y al mismo tiempo serás amado por él: es la mayor felicidad que puede concebirse. Más tarde podrás llevarle al hospicio,pues el tullido no podrá ganarse la vida. Te llamarán bueno, y las coronas de laureles y las medallas de oro ocultarán tus pies desnudos en la gran tumba, el anciano rostro." 63
Claudia no paró de escribir hasta el amanecer. En hojas en blanco y en los blancos de los libros que por algún tiempo seguramente no iba a abrir. Diez páginas enteras, casi sin espacios libres, con flechas y asteriscos hacia los márgenes que llevaban a textos a veces ininteligibles. A la hora sexta las rompió en miles de pedacitos, las puso en la bañadera y ritualmente fue rociándolas con su mejor perfume. Después las quemó. Ya entraba alguna luz por la claraboya cuando terminó el incendio. Se tiznó las manos y empañó el espejo, ennegreció la pileta, enchastró las cerámicas. "No soy Dido", se dijo. Después abrió la ducha y durante una hora dejó que el agua le empapara el pelo, la cara, el cuerpo. Al salir, se limpió los pies pegoteados de papel y cenizas. Se vistió, como pudo hizo entrar todas sus cosas en el bolso. Ya entraba luz por todos lados. Abandonó las llaves adentro y cerró la puerta. "Tampoco me llamo Nora". Soy Claudia y he decidido que no hay "tregua" con muerte final de la protagonista. Chau, Alberto. Y a vos, Benedetti, adiós, y Gracias por el Fuego. 64
De cien rosas no se puede hacer un te decente y al mismo tiempo preparar un balzamo anti-lagañas. Se puede mirar si, en el fondo de la taza y obtener un reflejo aguado del techo atras de nuestras cabezas. De cien mujeres que me podian haber tocado, solo me tocaron tres y la que mas me toco fue la ultima, asi que me he quedado con esas ganas de saber si las otras dos pudieron haberme tocado mas de lo que me tocaron. Y vuelvo. Hoy se me ocurrio hacerme este te de rosas porque tengo los ojos hechos una lastima y me lloran. Pero como pasa con todo, hay que buscarle el sentido no tan practico a las cosas, entonces este te de rosas es una miserable alegoria del resultado de haber recorrido un numero finito de mujeres y dije cien porque algun dia voy a releer esto y quien me dice que no lo lea otro y pregunte porque tres minas nomas. Asi que pongo cien y es por las dudas, total estoy sentado en el sofa de color musgo gastado, con un te hecho de tres rosas y a fuerza de ser sincero, esto no sirve para nada y los ojos me siguen llorando. 65
Otro de los cuadros perdidos. La escena del linotipista, aquel buen Luciano que saltaba de la mesa de aquel café en el que se reunía, con aquella joven secretaria de entonces, hoy hecha ya jefe de composición, poco antes de su jubilación. O tal vez después. Aquella mujer que enfrente suya, lo abordaba una y otra vez hacia el pasado, hasta que en el límite del ridículo, saltaba de cuadro y se metía en el del niño parapléjico, chocando con la gorda que lo cutiodiaba tras la muerte de su madre, y lo salvaba de percances, asaltos a tiendas, y grandes peluches de mono. ¡Qué tiempos!. Viejos cuadros, viejos recuerdos. Hoy sólo huecos en blanco. Narcisa mira de nuevo la pared, mientras espera una respuesta del camarero del bar, que sigue sin decir palabra. A lo lejos, alguien habla de Benedetti. Narcisa jamás ha oído hablar de él, pero guarda silencio, debe ser alguien importante, pues alguien le da las gracias. Cien rosas. Si quieres una sola que no se deshoje, búscala de plástico, y entonces sabrás lo que es un té insípido. 66
Deseo terminar con el patético intento desaforado de ella, de citar constantemente citas textuales."Es de Benedetti.." me aclara desafiante, como si Benedetti (o cualquier otro)pudieran curar mi vida, pudieran redimirla de todo engaño. Pobre criatura, buscando entre la niebla una sola excusa para llamar mi atención, en vano, indefectiblemente; he perdido mi capacidad de asombro, en cambio, he ganado un infinito, y porque no, miserable, talento para engañarme a mí mismo. 67
Alberto nunca me comprendió, siempre fue tan egoísta. "El día que te quiera podré dejarte" alguna vez me dijo. Y mientras tanto qué? La imagen de los pendientes había logrado enloquecerme, aunque creo que fue el hecho de saber que él no me pertenecía lo que me convirtió en lo que soy ahora. Yo había soñado una vida junto a él, después de entregarmele. Yo me conformaba con tenerlo a él por completo, y a nadie más. Pero el recuerdo de los pendientes me hacía retorcer la conciencia. Siempre lo supe, aunque no haya querido aceptarlo. Me engañaba pensando que en realidad ninguna otra le importaba, y que volvería a buscarme, al igual que mi querido Benedetti... "Mengana si te vas..." 68
no hay peor engaño... que el de uno mismo... sin embargo quiero seguir con éste amor enfermizo al que estoy atada...ya no importa nada... sigo creyendo que Alberto es mi tallador convirtiéndome de un trozo de carbón en el mas bello diamante... pero no... no es él... quizás fué Raul...? el que me tomaba en sus brazos y yo sedienta de amor caia rendida a sus caricias, con el despecho del desengaño que llevaba dentro...? 69
Evoca Gardel...Margarita..la muerte...no hace sentido Claúdia, Lola, Monica, Margaritas...el sexo, el desayuno ( piensa Alberto )cuál es la verdad ? La muert..ella es el fin. Qué importa una noche o un día qué me queiras....Ya no importa nada..Solamente la muert....Beso Claudia casi muerta y voy embriagarme en una bodega.... 70
Si se quisiera un poco a sí misma. Sólo un poco... Y recordó entonces, la historia de Brauer. Aquellos convites de palabras, que como escaleras de caracol, taladraban los oídos de las mujeres. 71
Son tantas las emociones que llego a sentir que no puedo entender... me pregunto...¿Cómo y porqué?... no hallo respuesta alguna a esta mezcla de sentimientos... este maldito licor aturde mi pensar, mis sentidos... saldré a caminar bajo el manto de la oscura y sombría noche... Alberto seguía pensando en el amor de su niña princesa no podía dejar de hacerlo, la melancolía se apoderó de él... mientras el llanto amargo de un alma en pena iba como un vagabundo en el correr de una vida libertina, ambiciosa y egoísta... se decía a sí mismo... Cuándo será el día que te quiera mi dulce niña princesa...! 72
Pero cada vez que pensaba en aquella potencialidad, su mente se atormentaba con una lluvia de nombres, los de siempre. Y esta vez particularmente uno, lo mantenía confuso e inquieto: Mónica. Entonces esa pasión abandonada de una relación que quedó trunca porque sí, se mezclaba con la pena de no poder querer un presente llamado Claudia. Sintió un escalofrío que terminó en la nuca y comprendió que la felicidad en su vida se describía a través de un sinfín de mujeres. Este desenlace provocado por un par de aros olvidados a propósito, eran la señal. No podía seguir jugando. El próximo desayuno sería distinto. Pensaba en Mónica. No podía sacarse a esa morena de la cabeza. 73
Alberto, Alberto, no te das cuenta de que Mónica está bien solo para que la recuerdes y compares con otras mañana, la semana que viene. Pero después de haber pasado una noche juntos, después de haber desayunado juntos, con ella te sucede siempre lo mismo: la ilusión se deshace. La ves real, tanto, que esa materialidad te hiere. No es lo mismo con Claudia: como en una simplificación matemática, los menos que le solés atribuirle se anulan con los más que crecen cuando se te escapa. O cuando vos, autodestructivo, la dejás ir. 74
Es un círculo que se cierra y te ahoga. Son coincidencias que se repiten en futuros de los cuales conocés el desenlace. Por eso recordás otros nombres y las historias te parecen similares. Mónica fue un comienzo y Claudia parece un final inevitable que estás escribiendo para cerrar el libro. ¿Recordás las frases que esa morena te dejó escritas en la heladera? Hizo de las letras deshilvanadas de tu historia, una oración con sentido. Ese fue tu mejor desayuno, el que te hizo descubrir que eras capaz de querer a otras. Ahora la buscás desesperado en tu memeoria para salvarte de la locura que te provoca esta forma de querer extraña. Definime el amor que sentís por Claudia. Sincerate de una vez por todas. 75
:La Claudia -definitivamente- la que todos conocemos. Aun me acuerdo del día. Recuerdo cómo me le encaramé a la idea de tenerla a toda costa, a pesar del tiempo: teníamos hambre, hacía mucho tiempo que nos estábamos buscando sin algún descanso. -Eso era- eran las babas del deseo tan reconocidas como "los hilos de la virgen"; el tiempo perdido se encontraba detenido (atrapado) entre tanta tela -entre tanta búsqueda-. Era a Claudia a la que buscaba, y coincidí con algunos labios y me tropecé con algunas lenguas viperinas (la Mónica que todos conocemos) tan disfrazadas de placer que hasta quizás me confundí: Aquel órgano, aquella lengua bañando los cuerpos, desnudándolos con la boca...deshinibiéndolos por los segundos más eternos de mi rebuscada vida (no cedía ante nada la inventada mujercita). La "mentira" que vivía sólo sabía desnudarme la realidad y -ay- penetrarme en las ganas con su característica insistencia. Pero yo seguía amando la idea de lo real, lo tangible, lo eterno. Me encontraba tan cerca, pero quién iba a saber que mi desayuno con Claudia estaba por llegar, parecía lo más lógico: ya tenía hambre. A veces cuando tengo demasiada hambre me da coraje, pero desde siempre había estado molesto. Nací furico y no me daba la gana de denominar una razón. Desde siempre he buscado a Claudia y a los treinta años me comenzaba a dar por vencido. Mi Claudia lo era todo, ya lo dijeron antes: era mi organizada locura, mis cuatro mil poemas, la desbordada incoherncia de una vida, lo lógico de una oración bien escrita. Cuando me choqué con ella le juré que jámas la dejaría ir. Todos sufrimos ese miedo...Tanto había sido el tiempo transcurrido que no sabía si lo podía resistir, no sabía si creermelo. Entonces como si nada, como si esa mañana fuera la más normal del mundo, la invité a comer. Quién sabe lo que comimos... 76
Yo recuerdo lo que comiste, Alberto. Descubriste los sabores de la entrega y el amor absoluto, pero tu gula te llevo a seguir querer probando otras mujeres. Tu amor por Claudia es sincero, es verdadero, quisieras pasar con ella el resto de tu vida. Tu amor por Mónica es apasionado, único, espontáneo y quisieras que no se fuera nunca de tu lado. Ninguno de los dos te alcanza. Necesitas de ambas. Necesitas de muchas, por eso buscas gitanas, cubanas y otros nombres. Querés escaparte de esta decisión que te acosa, pero es inevitable. El tiempo es ahora, junta tus recuerdos y abrázate a un futuro monógamo. Claudia te espera, Mónica está por volar lejos. 77
Las voces de las mujeres le cercaban,le acorralaban, se le plantaban en frente cortándole cualquier salida. Más que dentro de sí, las observaba enmarañanado el pasado con el presente, lo por venir, con lo ya ido. Tal era la intensidad de los tirones que daban a sus brazos, que perdían en ese instante toda fuerza de arrastre, soltándole libremente, presa de cierta confusión. Siempre supo que era imposible comprender a las mujeres-. Después de todo, si había sido como había sido hasta entonces, no fue sino por tratar de complacerlas a todas,siendo el que cada una de ellas esperaba que fuese-. Miró por la ventana. Un sol de agosto, derramaba una bruma densa sobre los tejados de los edificios contiguos. Miró hacia el horizonte imposible, que alguien dijo existía más allá del asfalto y el cemento. Tal vez, aún quedaba un lugar por el que empezar a ser... 78
Decidió salir a buscarlo. No era un escape, era una necesidad de encontrarse con su verdadero ser. Descubrir su sentimiento. Dilucidar su verdadero deseo. Olvidarse por un momento de los nombres, de todas las mujeres, de los inevitables amaneceres y la necesidad de los desayunos compartidos. Se iría sin decir nada, sigiloso, desapercibido. No dejaría dirección, no podrían encontralo. Esperaría sólo que su yo, el verdadero, viniese a buscarlo y a explicarle su vida. No más pasiones. Comenzó a preparar su huida mientras presentía que algo dentro suyo se transformaba. 79
Efectivamente, existe un momento en la vida de cada hombre en el cual se siente una extraña presencia de vacío, de melancolía o a lo mejor de duda, y ante tal situación se tiene la imperiosa necesidad de buscar aquella senda perdida que nos devuelva nuestro significado, nuestra identidad y creo que yo me encuentro en esa etapa. Tendré que viajar mucho y llegar hasta el lugar que mi corazón crea que es el correcto para empezar a simentar nuevamente mi vida, he escuchado de un bonito lugar al sur del mar de la plata en donde el clima es cálido con esporádicos chaparrones y vientos del norte; ahora que recuerdo mi amigo Carlos vive cerca de ese poblado, talvéz lo visite. 80
Necesitaba el mar, el aire salado que le devolviera la sed de vida. Encontraria la respuesta frente a la inmensidad de ese oceano que calmaria su impaciencia y curaria la imposibilidad de amar a UNA mujer. 81
"¿Ud. qué se piensa? Yo no mantengo ñoquis en esta dependencia. Además, ni siquiera cumple con las reglas más elementales: ¿Por qué no me miente? ¿Por qué no me dice que le dio un ataque de caspa o una severa conjuntivitis en el ombligo? ¡¡¡Cómo me viene a decir que se va a Mar del Plata un tiempo para pensar, para decidir qué hace con su vida!!! Esos son placeres que los que la yugamos día a día no tenemos. Nuestras angustias metafísicas se curan con una aspirina a la mañana, bien temprano, cuando suena el reloj, cosa que Ud., Alberto, no sabe qué es. Y no me cuente nada, porque sé perfectamente los nombres de cada una de sus historias... En fin, no voy a concederle la licencia esta vez. Arrégleselas como pueda, aunque no sé si puede algo. Acá no se luce demasiado, chupóptero". Imbécil, qué sabrás vos de confusiones, de indecisiones. Para vos el mundo es esta triste oficina con aires profesionales. La playa existe quince días en el verano... después se borra, como se te borró de la cara la vida. En fin, para qué negar que algo de razón tiene. Habrá otros tipos que viven historias como las mías, o más complicadas, y no pueden rajarse ni pasarse horas mirando los techos vecinos aunque quisieran porque saben que arriesgan los dos mangos que les permiten vivir. Vivir, si al menos hubiera un manual de instrucciones, sería mucho, mucho más sencillo. Y más tedioso. Al otro día, 4 de agosto, decidió que no pisaría nunca más ese lugar insípido. Se bañó, tomo su mate (siempre matizado con cierta vocación populista) y empezó a caminar hacia la Confitería de las Artes, adonde tenía que llegar a las 10.30 para encontrarse con 82
la locura de Claudia, la pasión de Mónica, los aros de la gitana, los cuentos de la cubana... 83
y los poemas de Benedetti que le daban una cachetada diciendo "Despabílate Amor". 84
Después de algo así, uno, como mínimo, debía replantearse las lecturas. "Si vuelvo a nacer- se dijo Alberto- seré mujer, sobre todo, para evitar tener que escuchar sus reproches amorosos a todas horas " Y mientras sus pasos lentos, le condujeron hasta el aparcamiento, no pudo evitar que sus ojos se quedaran fijos en una mujer, completamente vestida de negro, que saltaba por una ventana trasera de lo que parecía un sitio público, portando un morral lleno de enseres útiles, para preparar brevajes capaces de aplacar todo tipo de sedes. Ella la miró con gesto de comprensión. Como quien conoce el camino de desventuras que le llevan a uno hasta un parking como ése, y viendo como abría la puerta de su coche, no pudo por menos que subir con él y poner rumbo al norte. A la playa. 85
Fotos instantáneas, imágenes en blanco y negro, historias dentro de ese auto con rumbo al norte, al sur, a cualquier parte. La maga le acarició la nuca y su mirada traspasó el velo negro. Alberto sintió un escalofrío que alguna vez conoció con alguna mujer. La maga comenzó a desvestirse y Alberto pudo descubrila. Era, ella... 89
Era Mónica, era Claudia. Los aretes demacrados y el cuerpo oculto sólo por un velo. Era la pasión encinta, era el corazón de Asia. La tarde se refleja sobre el Mar de la Plata y Alberto se pregunta con cuanta plata cuenta para nutrir el faje. Era Mónica. Para él era ella. Esa Mónica que alguna vez, solo nosotros, solo yo, poseímos, o nos pidió que la poseyéramos. La Mónica que amamanta, que asfixia entre sus muslos nuestro cuerpo. La Mónica, la Chabela, la Germaine, la Madrepatria que todos, dolidos, esperamos. Qué importa su nombre, lo que quiero es su cuerpo, cálido, húmedo; apretando las piernas antes de que se le caiga el sexo. La tomo, la beso, la chupo, la mamo, la veo, y empañamos el mundo con el calor de nuestros cuerpos penetrados. No hubo lugar a donde yo vaya, a donde yo me venga, mejor que aquel cuerpo carnoso, con un par de magníficos labios desdentados. Duerme entonces, Mónica. Mi Mónica. La Mónica que quiero esta noche, de día sudorosa en mi catre, en el lastre, en la cocina, en mi cama, sobre cualquier mueble amplio que nos permita coger mientras hacemos el amor. 87
Dormire Alberto. Me veras dormida en tu memoria para siempre. Dormida despues del cansancio que me dejo tu cuerpo insaciable. No te cansaras de amarme nunca, no envejeceras, viviras en esta perfeccion por una eternidad. Los minutos conmigo seran siglos, vidas vividas intensamente, en otro plano, en otra dimension. No te cansaras de amarme y no podras olvidarme jamas. Tengo la formula para debaratar los extremos,los absolutos y hacerlos posibles. Te elegi a ti, Alberto. Mi Alberto, el ALberto que quiero para mi esta noche y que caera dormido por mi magia y mis caricias para no olvidarme nunca. Dormiremos juntos y los demas nombres se iran perdiendo como las luces de los barcos en el horizonte, mientras miramos este mar inmenso que nos une, nos cura y nos devuelve la verdad de nuestro corazon. 88
y en ese mar inmenso nos perdemos, las olas envuelven la sal, la arena, tal como miles de noches envolví tu cuerpo. El mar arrastra hacia sus profundidades, con fuerza aquello que a sus orillas encuentra. Yo te he encontrado y tal como el mar te sumergo en mí, robo la belleza de tu sexo, me llevo tu aliento al compás de mi brisa y sólo me importa sentir, solo me importa gozar, aunque este gozo sea para crear aquello que en mis sueños existe, aunque sólo sea por un único momento y te vuelvas a desvanecer en el aire, y yo a la distancia de ese aire vuelva a respirar.89 89
Claudia estaciona el coche en el aeroparque. Lleva un bolso en la mano. Corre. Tiene que alcanzar el primer vuelo de la noche. Recorre mentalmente la letra de las dos canciones que se ha pasado oyendo toda la tarde: esos discos que sus conocidos tildarían de romanticones. Del "No sé tú" de Luis Miguel va a "El próximo avión que tomes, conmigo lo tendrás que tomar..." de Ismael Serrano. "¿Tenés fuego?", le dice al tipo que, como ella, está sentado en un asiento que da al pasillo", en la misma fila a la izquierda. "Te van a pescar, y vas a pasar un papelón", le contesta. "No importa, cuando me pesquen ya me habré fumado la mitad. ¿Querés?". "No, gracias". "No. Gracias a vos, por el 90
Su voz se fue esfumando junto con el aroma intenso del tabaco negro. Sus hombros se hundieron hasta su cuerpo cuando se recostó en el asiento. Su imaginación empezó a volar: ...¿dónde estará? Los recuerdos mordían sus pensamientos y en cada uno aparecía esa imagen adorada. Su rostro casi evaneciente navegaba juntos a las tareas que realizaría al llegar a su destino. Poco le importaba que lo descubrieran con el cigarro a medio consumir. De cualquier manera, estaba dispuesto a abandonar el vicio. Después de sus sesiones de yoga abanonar el vicio del cigarro y otros que tenía por ahí ocultos bajo su piel, era lo más normal para él. Sintió que no era necesario acudir a la droga, otrora indispensable, para figurar las exquisiteces que en un tiempo escribió. 91
"Señorita" —"Señorita"—. La voz despierta como la risa marina de las focas —"Señorita". Le dice la voz con un tono más fuerte. —"Señorita" y ahora la sacude un poco mientras Claudia se incorpora, asombrada, por lo brusco del movimiento aprisionado, —"Señorita, hemos llegado. Por favor, tiene que abandonar el avión" y Claudia toma su balage mientras sale del avión, pisando el húmedo aeropuerto (porque acá se llaman aeropuertos) de la Ciudad de México. "Cuando me hartes ne voy a largar a México" recordó haberle dicho a Alberto después de alguna lucha encarnizada, aunque siempre acabaran haciéndose el amor: no él a ella; no ella a él: uno al otro, no sé cual, sexo entre los dos. Tomaba un taxi fuera del aeropuerto: "al Crowne Plaza", por favor... y el chofer enfilaba entre las infestadas calles de la urbe. Llovía como siempre por el periférico, Paseo de la Reforma, Sullivan... el taxista giraba entre las calles para cobrarle un poco a esta pobre forastera. —"Señorita. Señorita, hemos llegado. Por favor, tiene que abandonar el avión" 92
Pero, ¿cómo? ¿no estaba en Buenos Aires? ¿No había salido recién de su casa para perderse en la multitud y no pensar más? ¿No fue Alberto el que quedó dormido en su cama ? ¿Cómo? ¿No estaba en Madrid, buscando a aquella mujer de velo negro por el Paseo de la Castellana? ¿Qué haría en México? ¿Cómo volvería a reencontrarse con su vida? Soñó con Alberto en un coche, viajando hacia un mar azul e inmenso con otra mujer. No podía distinguir la realidad de sus alucinaciones. Sus ojos se encontraron con los del taxista que exigía su pago insistentemente. Asumió la escena como una realidad. Asumió que su distracción la llevó hasta México. Ahora solo debía descubrir el próposito de su destino. 93
Si me hubiera desmaterializado en Buenos Aires, en el momento de tomar un avión a Mar del Plata, para volver a materializarme en México, todo esto sería ciencia ficción. Pero no lo es, estoy en México y la única explicación que encuentro es que el Aeropuerto de Ezeiza estaba cerrado por niebla y desde el Aeroparque, además de los de cabotaje, salían algunos vuelos internacionales. En el apuro, quizá me haya metido en el salón VIP, pasé controles... No puede ser tanto despiste, ni de ellos ni mío. Ando sin pasaporte, y que yo recuerde no llené tarjeta de embarque a la salida. Tampoco al llegar al DF. Esto es chino básico para mí. Para colmo, quién va a pensar que no estoy loca en serio. "Págueme en moneda local, ¿qué me está dando?". "¿Dónde puedo cambiar?". "En cualquier lado, en el hotel al llegar? Mire que al Crowne Plaza lo están refaccionando. ¿Dónde hizo la reserva?". "Lléveme al consulado argentino, a la embajada de mi país. No puedo quedarme, estoy sin plata, no sé si traje alguna tarjeta. Y yo iba a Mar del Plata, quería encontrarme con Alberto", decía Claudia llorando. Entre las lágrimas veía los coloridos murales de Rivera. La desazón se fue convirtiendo en una alegría chiquita, casi en felicidad. ¿Y si me quedo? Suele suceder que algunos aspectos prosaicos se mezclen con las decisiones importantes. ¡¡Yo dejé el coche en el aeroparque, por un día, a lo sumo dos!!! ¡¡¡Me voy a fundir!!! Entonces se acordó de que le quedaba algún crédito en la tarjeta de Telintar como para llamar a su familia y pedirles que intentaran sacarlo. ¡¡¡Ma' sí, cuando he sido tan práctica y coherente. Disfrutá de México, Claudita. Siempre quisiste conocer este lugar". 94
Alberto que hacés, preguntó Benedetti, no podés huir de ti o pensás que no habrá más Cubanas, más Mónicas, y porque no, más Claudias en Mar del Plata?. No podés huir del corazón. Alberto le mira con desgano y escucha: "No te quedes inmóvil al borde del camino / no congeles el júbilo / no quieras con desgana no te salves ahora / ni nunca. No te salves / no te llenes de calma / no reserves del mundo / sólo un rincón tranquilo". Alberto, Alberto replica Benedetti no seas estúpido, si tanto pensás en ella porque no volvés, la buscás y ya. 95
(Como se podrá dar cuenta, mi querido Coronel, en este punto del filme los personajes se encuentran en caos. Los actantes, adoptando un término de Roland Barthes, se preparan para difundir el clímax de su bifurcada existencia. Recordemos aquel cuento inestable de Borges donde sólo percibimos un par de caminos, cuando el sendero desemboca, siempre, en los momentos más impredecibles de la existencia. Pongamos atención ahora, mi querido Coronel, a los siguientes párrafos del cuento. Esto se pone naufragante, y la loca de Claudia —que descubriremos que no está tan loca— estoy seguro que no tarda en actuar frente a la encrucijada candente que le depara el destino. "Esperemos que así sea, Doctor Monrrovia, -dijo el Coronel mientras lo encañonaba con la Magnum .357- si el desenlace no me gusta, usted se muere". Por favor, continuemos la historia.) 96
"Mire, Coronel, déjese de embromar que usted no tiene, y nunca tuvo, quién le escriba ni quién le haga caso. Guarde la Magnum y váyase al diablo". El licenciado Monrrovia se fue, caminó un rato por la ciudad, y prefirió pensar que el relato no podía haber llegado a una vía muerta. Que siempre hay una actualización posible (fin encontrado, tarea realizada, doble posibilidad otra vez). Se hartó de sí mismo. Debería terminarla de una buena vez con Bremond, Greimas y familia. La confitería del Viva México tenía una o dos mesas con gente. Siempre le había gustado entrar a los bares o restaurantes de hoteles y sentir el tonito de los que venían de otras regiones de América Latina. El olorcito a café lo fascinaba. Al acercarse a la barra, tropezó con el bolso de la muchacha que hacía anotaciones en una libreta. Parecían cuentas. "Disculpa, no lo vi". "No pasa nada, quedáte tranquilo". "El voseo nunca terminó de caerme simpático, pero mis gustos pueden sufrir un giro inesperado". "Para mí esos giros son tan naturales como la lluvia". "Presentémonos formalmente: soy Marcos". "Y yo soy Claudia. ¿Te aburriría que te contara alguna 'peripecia'". "Sí, para mí la historia es puro futuro. Y, entre otras cosas, Aristóteles me aburre mucho". 97
¿Fin del cuento? 98
Marcos soboreó con avidez el café caliente que le ofrecía el dependiente sobre brillante lustre del mostrador del soda bar. mientras sorbía el primer bocado de café caliente , le preguntó a Claudia si gustaba servirse algo como invitación de su parte como una muestra para ser nuevo amigos . Claudia contestó brindándole confianza a Marcos y agradeciéndole por su generosidad con una muchacha bonita y desconocida , lo cual significaba un comienzo de un nueva amistad de hombre y de mujer , amistad que posiblemente prometía abrir nuevas esperanzas a los dos jóvenes en esas circunstancias .Incinuó Marcos : " Como veis el mundo es ancho y redondo que nos hace toparnos alguna vez en la vida e hilvanar nuevos destinos , como si todo estuviera escrito de antemano" . 99
Los años pasaron, por mucho tiempo ellos dos no habían visto, creo que las imágenes que tenían el uno del otro era tan ambiguas, que casi ya no la recordaban. Hasta que un día se encontraron en medio del gran bullicio de la ciudad, ellos no saben como ni cuándo llegaron, y coincidieron ahí en la exposición de arte de una amiga común de ambos, a él lo que le llamo la atención fue la curva elegante de la espalda que sobresalía de ese entallado vestido negro, parecía recordarla haberla recorrido besado y estrujado alguna vez, cuando ella viró, la reconoció de inmediato, cómo olvidar a quien representaba la posiblidad de lo que pudo ser y no fue, pero que a pesar del tiempo el destino les daba otra oportunidad de continuar lo que habían apartado de su camino, se miraron fijamente, y cuando se dieron cuenta, ya estaban tan cerca que uno podía oir los latidos del corazón del otro, bastó un solo roce, una sola mirada para que se tomaran de la mano y salieran a continuar lo que nunca habían empezado.... 100
Don Diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado, ten cuidado yo lo digo por si anda en los rincones y se esconde en los cajones de la presa que decidas conseguid... Era 1979 (o el 81´), y aquella vieja canción parloteaba entre sus orejas. Marcos sabía que algo bajo sus ropas subía de tono, el hielo perdido bajo aquel talle lamería despacio el calor vacuo que lo sumergía bajo el cálido sopor de la tarde; porque eso era, una noche caliente, calurosa: "Fíjate bien —alguna vez le contaron—, a las doce la gente se pone como loca: es la hora de la lujuria." Así se lo dijeron y así lo concebía; el reloj marca las doce y con extraño disimulo, pero terco, Marcos caminaba cuasimodamente hacia ella. Cada paso medía cien metros, como esos sueños extraños, donde el pasillo no para de crecer y mayor velocidad, se le suman mosaicos al tapiz. "Voy hacia ella, la beso cortésmente en la mejilla. La tomo de la cintura (ésa cintura, Dios mío) y la abrazo ligeramente, como eso amigos que no se han visto y que se extrañan. La miro relajado, que no se qué es lo que quiero conseguid (seguid, si sigue así yo se lo voy a decir. Que le cante a mi niña, como gozo cuando guiña yo quisiera darle un beso chiquitín), chiquito, chiquitito. De esos que te obligan a sentarte, decías-que-no-y-hasta-la-trompita-alzabas, donde los labios apenas se rozan, haciéndonos más lentos, los cuerpos dilatados. Marcos la toma de frente y se saludan, sin abrazo, sin beso; no por ello dejó de sentirse menos blando, sudoroso. ¿Bailamos Claudia? Me encanta esta música, el twist (con un twist por aquí por allí o un beso chiquitín con un swing, sí!) "me agarra muy suavemente" —pensó ella—, "me atrapa en un tris tras" (no tiene moral y es) "será" (difícil de saciar) "me gusta" (y todo lo da". 101
Pero la cosa fue después del twist, cuando llegó un negro con trompeta, haciéndose llamar Armstrong -aunque era blanco el muy menso- y ahí nomás los lentos y el apriete en la baldoza... y durante el aptriete me dije: "vamo todavía carajo". En medio de "dancing chic to chic" ella finje una semidescompostura y me pide que pasemos a algún otro lugar, otro mas solitario..., más cálido. Yo, como quién no quiere la cosa le digo que sí, que como vos quieras, desiés o querás y enseguidita salimos en busca -de costadete- de amor. 102
Algo pienso mientras caminamos, ella me abraza y yo con el brazo apretando su cintura, qué cintura. Pienso: 1. ¿qué le gustará desayunar? 2. Espera que ronca esta mujer 3. Espero que no le moleste cuando sepa que ronco 4. Dónde habré dejado los Sico} 5. ¿compré Sico? 6. Espero que la descompostura haya sido fingida 7. Espero no sufrir YO una descompostura 8. Espero poder dejarla a ELLA descompuesta, (pienso esto y sonrío un poco) "¿de qué reís?" —me dice ella— "de nada" —digo yo— "sólo que ignoraba que hubiesie panties de winnie pooh, es todo. 103
Hay tantas cosas que te faltan por ver...ni siquiera hay una amanecer que se repita en el transcurso de la vida. 104
_Que decís?.No te pongas en filosofo y entremos a ese cafe que tengo una cosa muy importante que quiero que charlemos... 105
"¡¡¡No!!! ¡¡¡Basta de charlas y de bares!!!", piensa Marcos. Hasta ahora, el vaticinio délfico se había cumplido paso a paso. Solo faltaban las respuestas a unas pocas preguntas. "¿Qué daimon cafetero y dialogante se metió en el medio?". No sabe que Claudia, por su lado, se asesoró con la diosa Venus, también entre los olivares, a 600 metros de altura, en el Parnasso. El recuerdo del mar azul, la compañía de Marcos y el calorcito de la noche en el DF habían logrado desdibujar, diluir, no sería improbable que para siempre, su amor obsesivo por Alberto, ese complicado y monotemático lector de Benedetti. "Mi táctica es quererte...", le soplaba este Apolo en el oído. No iba a ser una tonta ninfa corriendo, escapando. No tenía voluntad de laurel. 106
Pero si este hombre inicia su plática con mirada candente y expresa de quiere ser "franco", lo boto. Y miren ustedes (Claudia observa la pantalla como viera a Marvin escribir), perdon, mira tú, ese que escribís alguna de estas locuras, dejá de ver por el escote, que me molesta un poco ¿vale? Sé que te cachondeaste cuando líneas arribas Beatriz (N. del E.: participación 100) mencionó la fina curva de mi espalda con este vestidito entallado que me han pintado, imagino que la picha se te habrá inflado un poco ¿eh? Pero basta ya de chucherías y derrames vaginales ¿quieres? Si has de ponerme a este hombre en la entrepierna, por lo menos que sea un buen amante ¿vale? Que ya estoy cansada de imbéciles que sólo se vienen y se van, por lo menos que les dure dura un poco ¿vale? "¿con quién hablas?" —preguntó Marcos, desconcertado— con un imbécil que, en lugar de disculparse por escribir estas líneas, apaga el computador y se larga a cenar con unos amigos. Vámonos de aquí, Marcos. No voy a coger contigo. Perdón —alcanzó a decir Marvin, pero aquellos ya se habían ido. 107
Cuando entramos dentro de aquel recinto por refrescarnos, miramos curiosos a nuestro alrededor: Había muy muchos clientes repartidos entre algunas mesas, a la hora vencida de la noche;( puesto que, todo el día habíamos paseado por aquella urbe visitando sus puntos más estratégicos y turísticos). Comenzaba nuestro primer día nocturno de la temporada de verano. Adentro, el saloncito asomaba debilmente iluminado por las lámparas de amarillenta luz de la pared y de algunos pequeños bombillos que formaban una gran araña central, se descolgaba inmóvil desde el centro del cielo raso del salón principal; aquella escena nos daba un ambiente de romántica intimidad , donde podíamos conversar y hacer planes más detenidamente sobre temas importantes o fútiles, libres los dos de aquel tráfago mundano de una ciudad latina y tropical que habíamos saboredo a gusto durante el día. A esa enervante hora del sueño de los demás, en que comenzaba a ser menos agresiva e impetuosa para el espíritu nuestro que ansiaba comunicación directa y sentimental, una apertura del corazón solitario ante el otro ser que se cruzaba de improviso en el camino. Ella lo adivinaba todo en amable asentimiento y gusto...- Un murmullo confuso de los clientes nos envolvía en un inusitado enigma...- Y ella se dejó llevar maquinalmente por el impulso de mi brazo hacia un rincón solitario de aquel salón del bar, antes de irnos al hotel. Bebimos unas copas, juntos. Lo insólito del momento nos impulsaba a ser mas atentos a las voces interiores de nuestro "yo" fascinante y consciente ,traducido como atracción mutua, atracción que se adivinaba en nuestros rostros ilumiados por un viso de felicidad ,hasta cierto punto, indefinible, y que se cernía en nuestras almas - creo yo - golpeadas por algunas rachas imprevistas de la vida... Los dos habíamos estado anteriormente flotando a la deriva de cualquier circunstancia con el anhelo inasible de ser felices, a cualquier precio. Y ahí estabamos los dos bañados por un raudal de fe y de eternidad! 108
Bañados de luces apagadas, y pasión. Bañados de todas las palabras reprimidas, del sol ausente, de las uñas gastadas de la noche. "¿Cómo llegamos a esto?"- había preguntado, abrazándome en sus rodillas. "Las Ferias del Libro tienen la culpa". Y ahota tengo tantós poemas para darte. Sin palabras. Con tu imagen. Persiguiéndome desde el balcón. 109
¿Fin del cuento? 110
FIN
Era esa madrugada de claror azulado. "Hemos quemado la noche sin pegar los párpados -le dije- en un incendio de pasión... No te vayas todavía, ahora somos los dos en verdadera unión de entrega, entre roces de sábanas, de lluvia blanda y tibia, de imágenes lúbricas, envolviéndonos como dos seres desolados, casi desesperados por esa inexcrutable soledad de lo humano ,en una incandescente ola de posesión... Ella me contestó arrazada de lágrimas: "Esto podría ser todo lo deseado: El día que me quieras"... -Y continué mi confesión sincera, como un loco, como un náufrago", -ya en segura playa-, susurrándola en el oído palabras, las palabras con "sus uñas gastadas",( como decía ella), soñando , al mismo tiempo, en María Eugenia, la otra mujer de mis sueños, que estaba al otro lado, arañándome el alma desde qué distancia, la eterna ausente, la dulce enamorada, la infiel desconocida, que me escribía su magistral novela a través de los canales del internet. 111
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44. Carlos (badchioce@hotmail.com) desde IP node10734.a2000.nl el 25/06/99.
45. vampiro (vicser@ctcinternet.cl) desde IP el 27/06/99.
46. Carolina Mundo (carolinamundo@hotmail.com) desde IP tntroma6-1-142.telmex.net.mx el 28/06/99.
47. Ana Julia Pérez Gabioud (ajuliapg@hotmail.com) desde IP line228.comsat.net.ar el 29/06/99.
48. Carolina O'Gorman (carolina o'@hotmail.com) desde IP spc-isp-ham-uas-13-56.sprint.ca el 03/07/99.
49. luciana (luli114@hotmail.com) desde IP ppp59.dialup1.fibertel.com.ar el 08/07/99.
50. Luciana (luli114@hotmail.com) desde IP ppp59.dialup1.fibertel.com.ar el 08/07/99.
51. Juan Pablo Castel (telmo@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 12/07/99.
52. Abril (abril60@hotmail.com) desde IP dial-asc4170.chilesat.net el 13/07/99.
53. Lilibeth (Lilibeth_m@hotmail.com) desde IP rad209046.radius.teleline.es el 13/07/99.
54. Juan Pablo Castel (telmo67@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 13/07/99.
55. Macarena (Lilibeth@teleline.es) desde IP rad209046.radius.teleline.es el 13/07/99.
56. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 13/07/99.
57. Abril (abril60@hotmail.com) desde IP dial-asc7175.chilesat.net el 14/07/99.
58. Macarena (Lilibeth@teleline.es) desde IP rad010009.radius.teleline.es el 15/07/99.
59. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 15/07/99.
60. Arturo Rojas Mora (faromo@prodigy.net.mx) desde IP du-148-233-147-20.telmex.net.mx el 15/07/99.
61. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 17/07/99.
62. Carolina Mundo (carolinamundo@hotmail.com) desde IP du-148-233-115-194.telmex.net.mx el 18/07/99.
63. Lilibeth (Lilibeth@teleline.es) desde IP el 20/07/99.
64. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 20/07/99.
65. Luciano (ltesta@cablenet.com.ar) desde IP host-129-134.cablenet.net.ar el 22/07/99.
66. Macarena Moreno (Lilibeth@teleline.es) desde IP el 22/07/99.
67. Alicia Díaz Gavier (adiazgavier@topmail.com.ar) desde IP el 23/07/99.
68. Romina (gomix@yahoo.com) desde IP host023016.ciudad.com.ar el 23/07/99.
69. Gladys (godo1611@hotmail.com) desde IP inf221-p2.itete.com.pe el 26/07/99.
70. Clara (arcela@svn.com.br) desde IP sp880.svn.com.br el 26/07/99.
71. MacarenaMoreno (Lilibeth@teleline.es) desde IP el 27/07/99.
72. Gladys (godo1611@hotmail.com) desde IP inf245-p2.itete.com.pe el 28/07/99.
73. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98ac349d.ipt.aol.com el 29/07/99.
74. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 30/07/99.
75. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98ac4033.ipt.aol.com el 30/07/99.
76. Maite Velez Couto (mvelezcouto@hotmail.com) desde IP el 31/07/99.
77. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98cdc8dd.ipt.aol.com el 31/07/99.
78. Macarena Moreno (Lilibeth@teleline.es) desde IP el 02/08/99.
79. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98ac413d.ipt.aol.com el 02/08/99.
80. guillermo carvajal mateos (guillermo-carvajal@correoweb.com) desde IP ip142.precitool.com.mx el 03/08/99.
81. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP abd0c356.ipt.aol.com el 03/08/99.
82. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 03/08/99.
83. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98aa12a5.ipt.aol.com el 03/08/99.
84. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98aa12a5.ipt.aol.com el 03/08/99.
85. Macarena Moreno (MacarenaMoreno@hotmail,com) desde IP casainternet.com el 04/08/99.
86. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP port044.lilly.isdn.bway.net el 04/08/99.
87. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 06/08/99.
88. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP abd48810.ipt.aol.com el 06/08/99.
89. Miriam (absperanza@ciudad.com.ar) desde IP host018098.ciudad.com.ar el 07/08/99.
90. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 08/08/99.
91. Javier Palacios Neri (palacenj@yahoo.com) desde IP el 09/08/99.
92. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 09/08/99.
93. Monica (MAngeli123@aol.com) desde IP 98cf4968.ipt.aol.com el 09/08/99.
94. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 10/08/99.
95. Negro (vdelgado@rocketmail.com) desde IP nas2-099.ras.bqm.cantv.net el 10/08/99.
96. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 11/08/99.
97. Susannah (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 11/08/99.
98. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 12/08/99.
99. Guido Mera Vera ( guimer@laserinter.net) desde IP uunet.gw1.mia.accessinter.net el 18/08/99.
100. Beatiz Eugenia (beatriz77@hotmail.com) desde IP el 19/08/99.
101. Marvin Duran (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 20/08/99.
102. Lucas Luna Rosas (lucasluna@topmail.com) desde IP line130.comsat.net.ar el 25/08/99.
103. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 25/08/99.
104. Carolina Battis (wowjam@yahoo.com) desde IP host145056.datamarkets.com.ar el 25/08/99.
105. Ezequiel Pezzuchi (epezzuchi@hotmail.com.ar) desde IP dirk.comodoro.sinectis.com.ar el 25/08/99.
106. SuAn (sofos1@ath.forthnet.gr) desde IP proxy.interprov.com el 25/08/99.
107. Marvin Durán (mduran@tecgts.com.mx) desde IP el 25/08/99.
108. Dr. Guido Mera Vera . (guimer@laserinter.net) desde IP uunet.gw1.mia.accessinter.net el 25/08/99.
109. Maria Eugenia (ti@intercom.com.ar) desde IP el 26/08/99.
110. SuAn (anainesu@yahoo.com) desde IP proxy.interprov.com el 26/08/99.
111. Dr. Guido Mera Vera (guimer@laserinter.net) desde IP www.gda.com el 27/08/99.
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