ni el tiro del final...
cuento colectivo

(La historia comienza aquí)

Lástima, ya no había quedado nadie en la sala de cine. Se escuchaba desde lejos el sonido del proyector, perturbando el oscuro silencio. Ya no quedan muchos como estos cines. La mayoría de los Cinema Paradiso fueron reemplazados por engendros llamados Village y Cinemark. No entiendo porqué seguía aquel sonido, no se veía a nadie en la cabina. Depronto la película empezó de nuevo. Sin embargo no era la que yo había visto. La película me resultaba conocida, pero no puedo recordar su nombre... Era en blanco y negro. Imposible, las películas blanco y negro se prohibieron en el 2002. 1
Este pensamiento de censura duró apenas unos instantes, ya que rápidamente quedó cautivado por la magia que producía la gama infinita de grises que se abría ante sus ojos verdes, fascinado por todo aquel "secreto" ritual de personajes que deslizaban por la vieja pantalla, olvidó rápidamente el detalle principal de que en la cabina de proyección no había nadie, sin embargo la película se veía perfectamente. Rápidamente se planteó la primera duda, el título de la película, porque, aunque le sonaba familiar, no recordaba el título en lo más mínimo.
Y siguió allí, sentado solo en el viejo cine preguntándose como diantres se llamaba la película, habían ya pasado más de media hora cuando paso algo realmente increíble. 2
claro, ¿como no recordar el titulo?, era su vida, su propia vida reflejada en la pantalla, blanco y negro, por supuesto, asi era su vida, ¿Por que habria de ser en colores? si su vida habia sido una mierda, no marron, gris, muy gris.
La pelicula avanzaba,rapidamente, era como un resumen de su vida y se sintio incomodo al pensar en que pronto llegaria a sus 26 años, edad que tenia en ese momento y luego ¿que vendria?, quedaba por lo menos una hora de cinta; Miro a su alrededor, el ciene estaba repleto, observo esos rostros que miraban fijamente la pelicula de su vida y los reconocio, amigos, familia, enemigos, compañeros, amores, amantes. 3

Tratando de contener la respiración, se desmayó. Fue eso lo que le contaron.De igual manera, ahora no importaba... con 26 grises años a cuestas, sin ni siquiera un rojo a la vista, o un verde pa compensar. Nada lila, ni naranja. Allí estaba frente al pasado y sin respuestas. Federico N. nunca imaginó que después de que lo resucitaran se iba a encontrar con semejante mierda y, para colmo, gris. Antes era, por lo menos, marrón. 4
Al despertar se encontró en una sala extraña, con paredes de muchos colores y al mísmo tiempo transparentes, según de dónde se las mire. A travéz de ellas podía apresiar un paisaje hermoso, pero lejos de su alcance. Intentó tocar las paredes, pero sus manos núnca tocaban fondo. Núnca antes había estado allí y no podía recordar cómo había llegado hasta allí. Claro que no podía ya que era imposible que estando desmayado recuerde cómo sus hermanos al verlo en el suelo inmovil habían intentado despertarlo y también era imposible que recuerde cómo mientras todos lo llamaban intentando revivirlo, su alma viajaba por un tunel a muchísima velocidad escuchando voces extrañas y una bellísima música que apenas se oía de fondo como si intentara transmitirle tranquilidad. Intentó dejar todas esas dudas y concentrarse en aclarar cómo había llegado hasta allí y qué era ese "allí". ¿Estaría muerto? Imposible,no recordaba ningún dolor y era imposible que muriera por un simple desmayo, pero entonces, ¿Dónde estaba y qué había sucedido?


5
Se quedó inmóvil, apenas respiraba, miró hacia una especie de puerta, mientras ésta se abria, apareció un hombre de rostro tranquilo, vestido integramente de azul, con profundos ojos negros, atrayentes, increibles... El comenzó a hablarle, a explicarle con su profunda voz donde estaba:
-Manuel, estas en el intermedio de tu vida, se te ha dado la oportunidad de hacer una pausa y decidir que vas a hacer con el año que te queda de vida, tu decides, claro hay ciertas reglas que debes seguir, pero eso te lo explicare a su tiempo;
Por ahora te dejo solo, tienes un tiempito para decidir que quieres en este año, tendrás lo que quieras... Piensalo Manuel, yo volveré para saber que deseas, pero ten cuidado, lo que desees se hará realidad-. 6
estaba realmente confundido. ya no entendía qué estaba pasando, ni donde estaba, ni quien era. Tenía que pensar un deseo y no podía discriminar que era lo que quería. Su pasado se había esfumado, sus vivencias habían quedado en esa vieja película blanco y negro, ya no quedaba nada de Fernando N, sólo un viejo celuloude olvidado en una sala de cine...
"Manuel?", se escuchó de repente. El se quedó perplejo unos segundos y después logró responder el llamado con la mirada:"Qué pasa?", preguntó. "Apurate que llegás tarde al colegio, agarrá la mochila y el delantal".Una mujer de gran sonrisa le extiende la mano.El rollo de película había se había terminado, la pantalla estaba en negro y los espectadores se acercaban a la puerta de salida. 7
Salió del cine preguntandose qué había sido todo aquello.La gente comentaba la pelicula:"Francamente...a mí me parece que la fotografia está muy lograda.¡Qué colorido!¡Qué paisajes!",decía un hombre a su bella acompañante."¿Cómo colorido? Pero ¿qué es esto? Yo lo he visto todo en blanco y negro! Además,¿no me reconocen? Esa era la pelicula de mi vida,yo la protagonizo!!",gritó Federico N., pero todos los alli presentes lo ignoraban."¿Significará que no existo?", se preguntó. 8
Probablemente, quien no sale en la película es quién no existe- Le tranquilizó su amable compañera de butaca, que al llegar hasta la puerta del cine había adivinado sus pensamientos.

- Deberíamos ver la segunda sesión- añadió- Alguien me ha comentado que en esta sala, cada vez que se pone la misma película, hay siempre planos diferentes que pocos son capaces de apreciar.

Él la miro con gesto contrariado. ¿Para qué ver su propia vida de nuevo, si él conocía cada fotograma de memoria? 9
(Ser capaz de moverse en el espacio y el tiempo y mirar su película desde otro punto de vista. Verla en Santiago del Estero a sus siete años de edad, cuando iba al colegio del barrio con guardapolvo blanco. Ver a este tipo gris que es ahora desde allá. Llegar a Nueva York a festejar sus cincuenta años y ver a este tipo gris, arratonado, incapaz de aceptar el desafío de lo maravilloso sin fragmentarlo. Seguir a su Hada, que tranquilamente sentada en la butaca a su lado, le ilumina el camino. Irse con ella y aprender a ver.) 10
Alguien pudo atrapar en secuencias las transformaciones de Proteo, pero ninguno de nosotros fue Ulises para arrancarle alguna verdad. A lo mejor no la hay. Está por empezar la otra función. Vamos, cambiemos de ángulo. Esta vez fila siete, asientos once y doce. Sí, es muy cerca de la pantalla, ya sé, no me importa. Entremos, Federico, veámosla todos los días y todas las noches, y juntos. Salvo en estos cortísimos intervalos, la proyección no cesa, como nuestro deseo de encontrar vínculos con esa historia siempre cambiante y, paradójicamente, siempre igual a sí misma. No hay proyector, dudo que haya una cinta. Tampoco acomodadores ni programa.
"Chocolates, bombones....", grita un tipo de chaqueta gris, con doble abotonadura. Viene por el pasillo central y puedo verlo mejor ahora, en un buen primer plano, paseándose por el cine semidestruido que muestran las imágenes iniciales cuando ya han bajado casi por completo las luces de la sala. 11
...y así, ver la película una y otra vez, hasta que se gaste el rollo y se rompa de tanto uso, o quizá hasta que su compañera de butaca se aburra y decida irse con el vendedor de la chaqueta gris o hasta que llegue el acomodador del cine y lo saque arrastrándose medio muerto de hambre y sed, o hasta que llegue mamá y lo despierte porque es tarde para ir a la escuela y le diga que no debe desperdiciar tanto tiempo durmiendo, que la vida es corta, que debe aprovechar, que es muy joven y...sí!!!, es joven de nuevo, tiene de nuevo ocho años, sus ocho insignificantes y felices años, tan suyos que no le cabe en la barriga la felicidad y tiene que vomitar el desayuno como siempre y sube al autobus y mira al extraño tipo que lo mira con ojos tristes... 12

La luz de la sala decrece mientras la pantalla va invistiéndose de un brillo reflejado. Federico se sienta en la butaca doce. Peligrosamente cerca de la trece,- no es supersticioso, pero por si acaso...- pero lejos de ese once que tanto le turba.

Dos unos seguidos, que no son dos. Los romanos sí que sabían de cálculo. Dos unos seguidos, deben ser dos, no dos unos seguidos.Uno y uno, no pueden ser otra cosa que la suma de ellos mismos. ¿ Cómo pueden ser tantos, cómo pueden ser múltiples?

Su espalda se acomoda al respaldo frío del asiento. La butaca del cine que parecía acolchada y afelpada se convierte ahora en la dura silla de formica que hace las veces de pupitre, y ahí en la pantalla el profesor, el maestro Isidro,le explica qué es muy interesante su punto de vista. Que en definitiva las matemáticas no son sino otro sistema inventado para parecer infalible. Le alaba y le anima a proseguir, pero no obstante, mientras se vuelve de pronto, como haciendo un guiño, le susurra:

"Pero dí que son once, si quieres aprobar el examen. "

Es entonces cuando Federico siente que ese instante de su vida,que le hubiera resuelto tantas dificultades, le fue escamoteado, e imperceptible pasó a su lado fugazmente sin que pudiera ser advertido. 13
Por lo que, sin ningun tipo de remordimientos, sin siquiera detenerse a pensarlo otra vez, se levantó de la butaca, y a pasos largos, casi corriendo, se dirigió a la salida. Que sentido tenia seguir haciendose el bocho en este absurdo y tenebroso lugar. ¿Películas en blanco y negro?, que fueran a engañar a otro. El estaba demasiado curtido por la vida para tragarse ese sapo. Cualquier niño sabe que jugando con el nivel de color del control remoto, hasta la película más famosa e idolatrada de la La Nueva Era, El Kaleidoscopio, se la podía ver en blanco y negro. Que le fueran con ese cuento a otro. No a el, de ninguna manera no a el. 14
Así que alcanzó la puerta, sin mirar atrás.De haber girado el cuello su salina cara hubiera visto entonces la voz del maestro diciendo:

Después de todo, en la vida te examinan a menudo. Es conveniente conocer todas las respuestas.

Se sentía confuso, estafado, vaya mierda de película. ¡ Cómo si fuera posible que perduraran películas en blanco y negro!. A estas alturas. Ya se habían quemado todas. Mientras abría la puerta del hall, dispuesto a marcharse, un acomodador, le daba un folleto sobre las próximas programaciones. Lo sostuvo entre las manos, buscando una papelera en la que depositar aquella ¿broma macabra?, cuando lentamente, vio cómo una fina banda de película agujereada a los lados se escurría del lomo de papel publicitario.
Era un fragmento de película. Su corazón se agitó levemente. Corrió al cuarto de baño y al trasluz de la lámpara, vio no sólo que los fotogramas de 35 milímetros manifestaban una clara y nítida escala de grises, sino que en aquella fotografía en que la diva se abandonaba, pudo recordar a la primera mujer de su padre.
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Francisca caviló antes de descubrir que la película había concluído (no es común que culminen así), la historia de Federico o Manuel le parecía de una argucia incomparable, sin embargo, algo había de real en ella, algo hacía presentir que no era sólo una película, algo (no sabía que) entorpecía sus frecuentes salidas del cine, luego de está ya no era posible comentar las grandes actuaciones, el buen guión, o un sonido espectacular. No, está vez era diferente, no podía concluir que era lo novedoso de aquella cinta, que era lo extraordinario de "Ni el tiro del final". En un estado anímico indescriptible, Francisca estiro sus pies sobre la butaca, bajó la cabeza y quedó esperando que el sonido del proyector interrunpiera el oscuro silencio, que la película empezara otra vez, que fuese en blanco y negro, y qua a pesar de que le resultase conocida no recordara su nombre. 16
Pero la película que comenzó no era para nada la que ya había visto tantas veces. Federico no aparecía por ningún lado, todo era en colores, y si bien no había estado en Disney world, le parecía que los acontecimientos transcurrían allí. ¿Sería otra treta del sistema para impedirles pensar? ¿Cómo se habría colado la maravillosa historia en blanco y negro, para recordarle/s que sí, que después de todo el mundo seguía siendo binario, que la antigua división entre Estado y subjetividad estaba actuando, que la pelicula en colores que estaba viendo no era más que una intromisión en su subconsciente, originada por los cyborgs.
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El impecable espectador sabía que hay cosas entre el cielo y la tierra que no todos pueden llegar a ver. Y sin embargo, no entendía por que quienes no las ven, se empeñan en pintar estridencias a los que si ven.
¿ Tanto miedo tienen a que se encuentren? 18
-FIN- 19
Lo terrible fue comprender que no existía, que era apenas un sueño de alguien con su mismo nombre; lo terrible fue comprender que no era más que una ilusión, una vana abstracción, una especie de capricho del ser.
Llovía cuando salió. Hizo señas a un taxi pero no se detuvo, tampoco paró el colectivo. Caminó por la vereda mojada, pero la lluvia no lo tocó. Erró por la ciudad que empezaba a vivir la noche. "Alguna sirena sonó a lo lejos, quizá un crimen, quizá un parto. Quien sabe"; pensó.
Entró a su casa y su mujer no lo vio, sus hijos no le hablaron y su perro no jugó con él. No comió ni se cambió, y nadie se dio cuenta que se fue sin golpear la puerta. Volvió a las calles con la esperanza de morir para sellar para siempre su fracaso. 20
Pero salió por la puerta equivocada y no fue a dar a la calle, sino al museo de los recuerdos, al celuloide que lo había visto nacer. No había logrado instalarse en la superficial realidad de la ciudad, ser mortal, como todos, sólo había logrado pasar a la precaria eternidad de un rollo de película. Por lo menos, suspiró, descansaba en un sereno anonimato. 21

Ni siquiera le turbó el hecho de ver cómo su otro, se daba la vuelta sobre sus pasos y regresaba de nuevo a la filmación.
Después de todo,¿qué importanca tenían ya estas cosas?
Si alguien había decretado la no existencia, bien podía permitirse pasar el no tiempo, no viendo lo que nunca había ocurrido.
El pasillo oscuro recibía las huellas de nuevo. Al fondo, comenzaba otra vez la misma historia siempre igual, siempre diferente.

Del otro lado, una mujer y unos niños, lo llamaban a gritos a la mesa.
Un perro traía unas zapatillas de la nada.
Pero él, sin verlos, se acomodó de nuevo en la butaca 22
Fue entonces que recordó a su amado Nietzsche, y comprendió que estaba destinado al eterno retorno, sólo que este se llevaba a cabo en dos versiones paralelas, su vida y su no existencia, entonces comprendió también que había producido su propia antimateria, y que su sombra se correspondía milimétricamente con su figura y persona visibles, por lo cual el equilibrio estaba asegurado para siempre y seguiría entonces desafiando la segunda ley de la termodinámica que exige que todo se degrade. Comprendió, había llegado por una parte al cielo y por la otra al infierno, y estaría para siempre contemplando la película de su vida visible, y viviendo la invisible. Y solo deseó, en verdad, que la muerte y el olvido estuvieran dentro de sus reales posibilidades. 23
Y la muerte solo era posible de una forma, y no había otro momento sino ya!, estaba decidido. Rápidamente se levantó de la butaca, enfiló hacia la puerta de salida, corrió por las calles con la misma agilidad de cuando tenía 10 años, y no se detuvo hasta llegar a Cinemark. Una vez allí realizó una especie de ritual que él sabía muy bien que sería por primera y última vez. Compró un paquete de pochoclos, pagó su entrada, tomó ubicación en la sala, y al tiempo que se secaba la transpiración y su respiración se iba normalizando, se relajó. El film ya estaba comenzando... dos viejas hablaban con el mismo volumen de voz que utilizaban en sus casas, un tipo comía pizza con la boca abierta mientras la grasa goteaba en el piso, una parejita joven tomaba coca cola y la sacudida de los vasos provocaba ruiditos de lo más molestos, el gordo que estaba sentado en la quinta fila tenia un resfrío insoportable y no paraba de toser, estornudar y sonarse la nariz, hasta había una mina con un bebé en brazos que cada tanto soltaba algún quejido... 24
La charla de las viejas era cada vez más insoportable. Ahora le parecía que protestaban por algo. No entendía bien por qué. Además, la madre del bebé calmaba los berridos con disparates melosos que parecían buscar la atención de quienes la rodeaban. Y para colmo, el olor de los pochoclos, sus manos untadas de pochoclos, las bocas infladas de pochoclos y coca cola... Imposible oír los diálogos. Recurrió a los auriculares y ajustó el volumen en con las teclas del brazo de su asiento. El público se movía en sus asientos. A medida que el Kaleidoscopio II viraba al sepia, la protesta crecía. La desconcentración le disparaba la mente hacia cosas en las que hubiera preferido no pensar: los reproches de su mujer apenas abriera la puerta, el monólogo que le seguiría, centrado en las actividades siempre iguales a sí mismas en el condominio, el fin de semana siguiente, como todos los fines de semana siguientes. El perro exigiéndole su cuota diaria de mimos, y cobrándole intereses por los días en que no lo miraba, esos días en que se las arreglaba para llegar tardísimo después de recorrer mil veces la Costanera Sur hasta concluir en lo que ya sabía: era posible otra vida, pero para vivirla hacía falta no ser cobarde. La excusa de no lastimar a los que lo lastimaban todos los días, a cada rato, ya le resultaba insostenible. No podía vendérsela a sí mismo. Ni a ella, que ahora estaba sentada inexplicablemente de nuevo junto a su butaca, que lo habría llamado seguramente varias veces por el celular, que le habría dejado diez mensajes grabados. Cuando miró otra vez la pantalla se encontró con un largo fundido, de esos que eran viejos un siglo atrás. Ahora, en el 2050, las cosas se contaban de otra manera. Pero las dudas, la falta de decisión y la tristeza no tenían tiempo... 25
Ese fue el momento que eligió la estación satelital mIXMAX !Vº0 para caer sobre la tierra. Con esto puso fin, por fin, a esta maldita raza de cyborgs y a esta historia. Así de abruptos fueron los años 2050. 26
Metió la mano dentro de la bolsa de pochoclo, tomó un puñado y se lo metió en la boca. Mientras los masticaba se dio cuenta que no era pochoclo, sino palomitas de maiz, cosa absolutamente distinta. Notó también que la gente que lo rodeaba ya no era la misma; y que la muchacha que estaba sentada un par de butacas a su izquierda era ahora un gordo que resoplaba y no para de engullir pizza y gaseosa. También se dio cuenta de que al pensar no se le había ocurrido llamar gaseosa a la bebida del gordo, sino soda. Más aún, se dio cuenta que no había pensado ni siquiera en la palabra soda, sino en "coke". Entonces comprendió que pensaba en inglés, y que algo o alguien adentro de su conciencia doblaba su pensamiento, como se dobla una película al español. Se dio cuenta, por fin, que ya no estaba en un cine de Caballito, ni se llamaba Manuel, ni era invisible para su mujer, sus hijos y su perro. Y acabó por recordar que ahora era Ronnie y un estudiante de preparatoria en Denver, Colorado. 27
Quién me habrá mandado a quedarme aquí y no irme un mes por lo menos a New York. El calor sería también insoportable, pero qué importa allá que el calor no se aguante. Todos los días algo, todas las noches. Y esta ruta, que parece que no terminara nunca. Rocas y nada. Nada. El coche sin aire, reempty, para bajar centavos el alquiler y meterme voluntariamente en el sauna. Parece mentira. Todavía, un mes para que vuelva. Yo, Ronnie Bompiani, preparando los exámenes para ingresar a una carrera que no elegí y ella en el Mediterráneo, de una playa a otra. La venganza será terrible, señora, te vas a poner nerviosa cuando estés tomándome el examen. Vas a suponer que todos lo saben. Y quizá no te equivoques demasiado.
"¿Me dijo dos fichas?", le dijo el gordo de la caja, en el minimercado. Ya era tarde, decidió pasar la noche en ese hotel de cuarta a metros de la estación de gasolina. 28
Entonces él, un estudiante de preparatoria metido en un hotel de cuarta a punto de contestar la pregunta última de su último examen, empieza a responder acertadamente ante ella, diosa bronceada por el Mediterráneo. Se oye un tiro, un tiro al aire que trapasa el salón y Cisco Kid, en blanco y negro aparece con Nietzsche para salvarlo de tanta responsabilidad venidera. Y él, Federico, Fernando, Manuel, Ronnie Bompiani, en Caballito o en Nueva York, en Santiago del Estero o en Dallas, sabe al escuchar ¡aprobado! que "ni el tiro del final" disparado por el héroe de su película podrá rescatarlo de las garras cyborgianas de esa mesa examinadora, instalada en un cine que nunca necesitó operador en su cabina de proyección.
¿FIN DEL CUENTO? 29

SI!!!!!!! 30

 

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