Tras el Ultimo Poder
cuento colectivo

(La historia comienza aquí)

Corrían años prósperos alguna vez, los pueblos y comarcas se regían bajo una absoluta paz. Las tierras Azules, así les llamaban los extraños, eran reconocidas por todo la extensión como el lugar donde habitaban unos seres de singulares características llamados "Argos" que significaba algo así como Duendes. Estos seres poseían la particularidad de trabajar bien con las vides y frutas. Sus especias, vinos, brebajes y comidas eran de un sabor que no se igualaba en toda la faz de la tierra. El nombre real de esa comarca era Albarianth y en ella reinaba un ambiente de trabajo y tranquilidad.
Estas criaturas de contextura física pequeña y de rasgos casi cómicos por su peculiares y largas orejas, eran conocedores de cualquier gracia que pudiera despertar una sonrisa, y entre sus costumbres, quizás no tan buenas, estaba la de embriagarse con sus propios elixires que tan cuidadosamente preparaban.
En esta comarca vivía Nahuí, alguien quien en esta historia desarrollará un papel muy importante.
A lo lejos:
—¡Se acerca un extraño!—Grita un Argo. 1
¡Deteneos! Y dime en el buen nombre de quién vienes y serás bien recibido!
Soy centinela de esta Comarca y os saludo afectuosamente.
El extraño estaba cubierto por un casco de gran ornamenta y una galantía y rauda imagen de colosal lo dominaba. Se acercó en su corcel gris de imponente estirpe y una espectacular alzada envidiable de cualquier jinete 2
-Decidme, ¿cual es el motivo de tu visita a estas tierras??
-Señor vengo a que me ayudes. Por la Tierra del Sol mi gente se muere de sed...
-¿Y en que forma podría ayudarte??
Nahuí, que se encontraba cerca y estaba escuchando las súplicas del centinela, se levantó rápidamente e interrumpió la conversación.
-Señor, ofrezco el fruto de mi trabajo para la gente de tu tierra...
El centinela se sorprende por tan magna oferta, pero no se da cuenta que tras ella Nahuí tenía otra intención...y por supuesto muy buena. 3
Nahuí era un gran apasionado de los cuentos, de la fantasía, y le gustaban mucho aquellos que hablaban de esos otros seres, que quizás no existieran, pero el creía firmemente que sí... aunque nadie los hubiera visto nunca.
Y como siempre había estado dispuesto a trabajar duro, aceptó de inmediato la propuesta pensando que quizás al realizar ese gran viaje podría conocer finalmente a Icelini. 4

Nadie hace nada por nada. Es una gran verdad a través de los siglos. Sin embargo, uno hubiera esperado que adorables criaturas como los Argos, que obtienen su recompensa en sí mismos, sólo por el heho de destilar embriagadores elixires, fuesen un poco más desprendidos.
Namur, el extraño, sopesaba estos argumentos mientras apacentaba su caballo tordo y aguardaba a que Nahuí, regresara de su cabaña con unos cuantos enseres, que según le fue contando durante el viaje, eran de ayuda inestimable para producir diferentes lícores que podían calmar todo tipo de sedes... 5
Sorprendía la actitud de Nahuí al acepatar de manera tan firme el acompañar al extraño pero siempre este pequeño Argo se habia manejado por sus instintos y eso le habia dado una fama de sabio y certero en sus actos, por suerte nunca se equivocaba al tomar una decision, al menos en la comarca. 6
A todos los rincones de Albarianth, llegó la noticia del arribo de un extraño a la comarca.
Por los pasadizos secretos, por los pantanos, por los aires generaciones de "Argos" llegaron en tropel a conocer al habitante de "La tierra del Sol" y a escuchar las historias que seguramente traia de lugares lejanos e ignotos.
Comenzaron a arribar cuando caía el sol, silenciosamente. Se sentaron formando el círculo que marcaba la tradición de los antiguos. Casi inmediatamente pequeños cuencos con el elixir de la noche corrieron de mano en mano. Una cznción casi imperceptible, tenue como la seda, cantada a boca chiusa, fue llenando el momento mágico, donde historias de "La Tierra del Sol" quedarían para siempre incorporadas a los mitos Argos sin edad, ni tiempo... 7
Lo que nadie sabía era que realmente Nahuí conocía a ese "extraño", su nombre verdadero era Saruman, un viejo mago desterrado de las Tierras del Norte por haber traicionado el Concilio Blanco de los Siete Magos. Había pasado mucho tiempo desde entonces y Saruman había cambiado, ahora parecía necesitar de la ayuda de Nahuí. 8
"Los tiempos caen raudamente como piedras en el camino y ya todo me pesa"-Dijo con voz apesumbrada Namur, luego calló por segundos y volvió a hablar: "¿Has oído del Poder que está creciendo hacia el Norte?-" Preguntó. 9
-No, sabes que no he salido de Albariahnt durante el siglo que transcurre, cuéntame- contestó interesado Nahuí.
-Es verdad, suspiró Namur-Samuran. Ha pasado ya mucho tiempo desde que recurrí a tí para vencer a las Laevars Impúdicas que asolaban nuestras tierras secando la fecundidad de todo hombre que cayese en sus ominosos y tentadores brazos.
He vuelto en busca de tu ayuda, amigo mío. Aciagos vientos surcan las tierras del norte. El mal nunca pude ser vencido del todo y retorna con nuevas y cambiantes formas. 10
Sólo sé del mal por mis antepasados, no conozco mal alguno y menos en mi comarca salvo las andanzas y travesuras de algunos de mi compañeros pero no veo la mala intención. Sí recuerdo que uno de mis acentros de una raza cercana (hobbits) redactara en su libro de vida el mal de Sauron que asoló las tierras y donde nombraba a grandes batallas y grandes guerreros...pero...... ahora.... ¿qué sucede?-Preguntó finalmente Nahuí. 11

Namur, que hacía tiempo había dejado su magia y su nombre en el olvido, frunció el ceño y pasó su mano nerviosa y repetidamente por la bola de cristal que coronaba su fusta. Era sin duda una fusta de enormes dimensiones, y sin embargo, no lo suficientemente grande como para ser considerada un cayado de los que usaban los ancianos del consejo de sabios.
-...¿Saber lo que ocurre?, No es sencillo nunca saber lo que ocurre. Miraremos la tierra y el grano seco y pedregoso nos dirá que falta lluvia. Miraremos hacia el cielo y veremos volar los buitres en círculo igual que vienen haciendo a través de los siglos. Abriremos las vísceras de una paloma, y nos dirán que el mal se expande por la comarca prendido en el aire. Las ancianas de cabellos albos leerán en las hojas que caen de los árboles que se acercan tiempos difíciles, y el eco de los nonnatos segurá deslizandose por el horizonte cada atardecer, reclamando un nacimiento.
Nauhí miraba al extraño, con cierta inquietud, sabiendo como sabía, que no era él uno de los que gustaba de agrandar los problemas, para recibir así más parabienes cuando la fortuna o su ciencia le hacía hallar soluciónes. Apenas se atrevió a mascullar...
-¿ Se acercan entonces tiempos de nuevas guerras y batallas cruentas?
Namur tomó aire y respondió.
-Ojalá Nauhí, ojalá fuese el momento de los grandes males. Se aproxima el tiempo del más pequeño y devastador de los daños, del menos perceptible y el que será capaz de aniquilarnos. Y huelo su presencia, como larva en el viento, reclamando inexorable su tiempo 12
Gran Namur, ¡me asustas!
¡Dime si en este holocausto que presiento en tu mirada se esconde el mal que creí sepultado! Si es así dimelo de una buena vez pues de otra manera querré volverme una piedra inerte e insensible antes de oir el nombre de ese nuevo mal. Mal que es siempre la misma oscura y mórbida sombra vestida de diferentes formas.
Dime la direcciÛn....a donde es que partimos!!—Preguntó finalmente Nahuí. 13
-Adónde ya tu corazón partió, que de tanta prisa se ha ido sin tu cuerpo? Tu mente vaga buscando un corazón, y un caparazón Argo me mira con sed de aventura!

Nauhí no digiere las palabras tan rápidamente como solpia creer que lo hacía...

-Es tiempo de saber quién somos, el mal que pulula y se arrastra está en nosotros, y no en otro lugar! Icelini lo sabe!
-Icelini? -pregunta Nauhí, y la pregunta se mezcla entre la barba corta de Namur. 14

Recordó el tiempo en que el mal parecía tan lejano que no existía, en casa, con sus padres, levantándose temprano para ordeñar la cabras. Lástima que él mismo hubiese puesto fin a aquella paz cuando pasó a sus progenitores a cuchillo, apenas diez días después de su octavo cumpleaños. 15
-Vamos al Norte primero -sentenció Namur, y ya estaba de pie cuando el eco de la frase llegó a Nahuí.
Fueron juntos sin una palabra. Namur un poco más adelante, menos ágil, sopesando su tronco en un vaivén cansativo. Nahuí, un par de siglos más joven, admiraba los cerros que subían y bajaban, los ríos, pantanos y tierras lodosas que no visitaba hace tanto tiempo que ya era tierra nueva para él.

Pero mientras Namur-Samuran podía admirar el cielo y los pastos de forma alegre y ajena, pesados recuerdos asaltaron Nahuí a cada paso. Mientras el sol ya se escondía lentamente, Nahuí reconoció un par de cerros y el recuerdo lo cubrió nuevamente. 16
Aquel recuerdo que brotaba de nuevo era de su oscuro pasado parricida.Nunca debería haber aflorado,no al menos si el lector tuviera alguna estima por Namur.Un irrefrenable ansia de destrucción fluyó libre por sus venas. Ansiaba destrozar esa realidad alegre de cielos y pastos que lo rodeaba. Su espiritu ansiaba una plenitud que el mundo material,independientemente de esos manidos canones de belleza con los que quienes le rodeaban buscaban dar a vanas percepciones sensoriales la categoría de divinas, no le podría ofrecer jamás. Agarró una piedra y con un golpe seco puso fin a la vida de su compañero. El cuerpo de Namar-Samuran yacía cadáver en aquel maravilloso entorno.
-Sólo un pobre diablo con un nombre tan grotesco como Namar podría admirar estos parajes, y no creo que el mundo necesite de otro pobre diablo. 17
Hay miles formas distintas de buscar la muerte.
Unos como Namur, Saruman en sus tiempos de brujo, son capaces de oler su semilla en el viento. Otros como Nauhí pasan la vida condendados a morir una y otra vez en cada cabeza que aplastan. Hay formas distintas de buscar la muerte, y quien sabe si alguna, de escapar de ella.

Algunos como Namur son capaces de prender en otros el germen que los destruirá, y después de recorrer el mundo, presentarse cara a cara a cobrar su suerte. Y un hombre ridículo como ese, sabe que gracias a cada uno de sus pasos la sed de su pueblo será saciada con su sangre, y sabe que la muerte que emana de las manos de Nauhí, incontenible, insaciable, imparable, será la señal de que es llegada la hora de que Nahuí ocupe su lugar y vuelva a las tierras de sol.
Icelini y un pueblo entero, esperan su fiereza. Tal vez, ni siquiera toda la muerte en las manos de Nauhí, que ahora tiene todas las manos del mundo en las suyas, que es ahora una mano inmensa, estraguladora, sangrienta, voraz, sea capaz de devolverles un ápice de la vida que un día tuvieron.
Pero había que intentarlo.
La cabeza aplastada del extraño ha quedado varada en la tierra, como un insecto prendido en un corcho seco. La tierra estéril acoge su rostro devastado con una roca afilada, llena de incrustaciones de lapislázuli. La sangre coagulada, detiene su riada en poco tiempo, mientras una hilera de hormigas beben lo que un día fue savia de magia y sabiduría.
Nahuí lo mira por última vez antes de partir, sin sentimiento alguno. Sólo unos pasos más tarde, da la vuelta y retira la roca. El lapislázuli siempre fue útil para preparar los brevajes del recuerdo. Tal vez alguien un día, tras un sorbo de licor, pueda recordar esta muerte inútil.
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Siempre pensé que sexo y acción eran un cóctel perfecto, por esoen cuanto noté que mi rabo pedía guerra entré en la taberna con la espada en una mano y mi enorme pene en la otra. No necesité decir nada, una elfa arrolladora se lanzó sobre mí con complejo de ordeñadora automática. Bien por tí Namur. Namur-Saruman. Eres el mejor, o mejor dicho, el mejor es tu rabo, ya te lo decía mamá. 19

La proximidad del lapislázuli y la obligada castidad del mes de las lunas en las tierras azules de los Argos, producían hechos tan simples como ese. Nahuí, confundía la sangre que brotaba de su dedo corazón al coger la roca, con la riada craneal de Namur que no podía borrar de su cabeza. Era su sangre, era Namur, qué más da...
El calor es agobiante, las tierras del sol están próximas uno lo sabe por la sed, y por esa necesidad asfixiante de encontrar a Iceline. Cualquier elfa es válida, cualquier taberna es un castillo, cualquier dedo herido es una espada, y en definitiva, si algo bueno tienen las tierras del sol, es que allí todo parece enorme.
Nahuí entró en la taberna y trató de llegar a un acuerdo monetario con la elfa. Siendo como era hábil con el cuchillo, y siendo de dominio público que las cuentas no eran lo suyo, en breves instantes decidió esgrimir razones más filosas. La vida en las tierras del sol, no valía gran cosa. Con gran desgana, Nahuí tuvo que entregarle una moneda de oro reluciente, antes de que ella prosiguiera, aplicada, su trabajo. 20
¿Crees escaparle al destino?
¿Sabes quién eres y lo que has hecho?
¿te permites forjar lo que no puedes tocar?
—fueron las tres preguntas que resonaron en la taberna, a lo lejos, entre sombras apareció una imagen tétrica cubierta de paño gris pero indescriptible a la distancia.
Maldito traicionero de tus propias convicciones, poseido por la muerte y el daño, tus cizañas no vengas a esparcir por estas tierras!!
Te condena el pasado y sólo yo sé lo que has hecho hace cuestión de horas ....claro, pero no imaginas que lo que crees sepultar sólo es un eclipse ante tus ojos de la verdadera realidad, no creas que has acabado con lo que creías, recién empieza el gran tormento.
De repente, y ante un ágil parpadear, la imagen desapareció. 21
Debes curarte del mal.....¡alguien te ha puesto a prueba!
(retumbo en la mente de Nahuí) 22
Un retumbar cubrió el alma de Nahuí. Un tambor de cien yardas apareció en su mente cuando el retumbar creció aún más. Y él otra vez había sucumbido al pasado, a su recuerdo negro... Namur casi se lo dijo, intentó advertirlo... su sangre, las hormigas, y el retumbar de nuevo!
¡Las hormigas! ¿Cómo no lo pensó antes? Su pasado atacó y su mente se nubló en la puerta del Ultimo Poder. Entonces, entre aquellas piedras, donde yace ahora un despojo de un mago despedazado, ¡allí entre aquellas piedras se encuentra la gruta del Ultimo Poder! ¡Era el primer destino de Namur!
Como un rayo se lanzó escaleras abajo, hacia la campiña en plena noche.23
En plena noche, un campiña se volatilizó como un rayo.
El extraño estaba cubierto por un casco de gran ornamenta y una galantía y rauda imagen colosal lo dominaba. Se acercó en su corcel gris de imponente estirpe y espectacular alzada, una cabalgadura envidiable para cualquier jinete
-Decidme, ¿cual es el motivo de tu visita a estas tierras?
-Señor vengo a que me ayudes. Por la Tierra del Sol mi gente se muere de sed...
-¿Y en que forma podría ayudarte??
Nahuí, que se encontraba cerca y estaba escuchando las súplicas del centinela, se levantó rápidamente e interrumpió la conversación.
-Señor, ofrezco el fruto de mi trabajo para la gente de tu tierra...
Antes de pronuciar esas palabras Nauhí sintió de nuevo las tierras del sol, la sangre en el cuello de sus padres, la piedra de lapislázuli, la elfa semidesnuda arrodillada mientras sostenía avaramente la moneda, el vago aroma de Iceline. Vió a Namur Samurán muriendo una y otra vez bajo sus manos. Cuántas veces había visto llegar al extraño en formas diferentes, cuántas había conseguido dejarlo marchar, aplazando esa cita inexcusable. Titubeó, apenas un segundo. Debía cumplir su destino, tal vez, ya nada podría detenerlo, antes de iniciar su viaje 24
desde el punto 23.....
la noche está oscura, algo presiente a desgracia, Nahuí algo busca. 25
(((SILENCIO))) es mortal, el aire corta, quema parece herir. 26

Nadie hace nada por nada, sopesa Namur, mientras ve salir a Nauhí de la cabaña con unos enseres útiles para preparar todo tipo de brevajes, para aplacar todo tipo de sedes.

Silencio. Nadie dice nada. Un ojo clavado en otro ojo. Pupilas de lince. Acecho. Continúa el silencio.
Namur sabe por qué Nauhuí debe acompañarle. Eran los tiempos en los que bastaba una mirada, para que un hombre viera en otro el resquicio más profundo. Sus recuerdos más ocultos. Recuerdos de los inicios, o recuerdos del futuro. El tiempo subía y bajaba de sus manos, como un yo-yo. Desde aquellos días en el Concilio blanco de los siete magos, en los que Nauhí le ayudaba en sus tareas, como el más aventajado de sus discípulos, ya Namur, que entonces era Saruman, había fraguado para él un gran destino. Un destino por el que Nahuí, un ser sensible, hasta cándido en ocasiones, desarrollaría una fiereza implacable, una fuerza bruta capaz de engendrar, contra todos los elementos, el hombre que salvaría a su pueblo. Un hijo de Iceline.
De sobra sabía Namur que su cabeza sería una más en el cesto que debía acumular esta gesta. Eso no tenía la menor importancia. Lo importante era asegurar que Nahuí cumpliese su destino y contara con su ayuda hasta el momento en el que él solo, pudiera finalizar su camino. Un camino lleno de brutalidad y abandono. Un camino de lucha.
Namur contempló al joven, titubeante aún. Durante un tiempo, supo que debía anticiparse, sino quería ver perderse la posiblidad de un futuro de vida. Irían a las tierras del sol, atravesando un largo río.
Sólo una semilla pequeña, a penas perceptible, podía echarlo todo a rodar. Algo que Namur olía en el viento, y se prendía en las manos de nahuí, latiendo cada vez más fuerte. La devastadora semilla del miedo. 27
No sé cuándo acabe esto pero me parece que son artilugios del viejo mal que creíamos sepultado —asintió Namur.
Nahuí lo observó taciturno y elevando su vista al cielo suspiró levemente y dejó escapar una lágrima. 28
Las lágrimas, queman el fuego del dolor. Una lágrima siempre es la última posibilidad de salvación; y, quizá, no siempre que se llora sea tarde para recomponer el pasado. Las lágrimas son el rocío del corazón: algo nuevo puede pasar a quien se atreve a ellas. 29
Pensar que es cruel mi destino Namur...sólo puedo socavaros este sentimiento por un solo segundo pues el tiempo apremia ¿o no?...no lo sabré nunca....sólo debo encaminarme a tierras lejanas donde creí todo sería fantasía y ahora me encuentro con un destino trágico y angustioso. 30
Yo sé a donde tú vas e iré contigo, mi nombre es Danor y soy de la raza élfica, ¿conoces a los elfos?...¿has oído hablar de nosostros?...pues creeme que puedo serviros de mucho si tan sólo tú me lo permites señor. 31
He oído hablar de ellos pero no creo que quieras partir hacia donde yo voy!!!—Dijo con firmeza Nahuí. 32
La decisión de ir a las tierras del sol, atravesando primero el río fue una buena decisión. No sólo por que era más difícil encontrar allí una afilada roca de lapislázuli sino por que el sabio y pequeño elfo, remaba con presteza, mientras contaba historias de tiempos remotos en la que su pueblo luchaba por sobrevivir a amenazas sencillas que les hacían la vida muy complicada.
Namur miraba el cielo mientras veía crecer la tormenta en el alma de Nahuí, que tras esa lágrima, comenzaba a dejarse llevar por la corriente. No llevaban más de dos horas de suave y tranquila navegación, cuando un sol rizado extendiéndose en las aguas y los claros gritos de auxilio de una mujer bellísima fueron escuchados con toda nitidez.
-Namur, debemos ayudarla...-dijo Nahuí, mientras Namur seguí oteando el horizonte,
Debemos ayudarla, -dijo de nuevo mientras se lanzaba al agua sin despojarse si quiera de sus vestiduras.
- =¿ Por qué no le ha avisado?- Preguntó el Elfo.
_ Resistirá,-respondió Namur- Debe hacerlo.
Nauhí daba largas brazadas y contenía la respiración para llegar cuanto antes. Los metros se convertían en kilómetros y la bellísima cara de aquella joven resplandecía aún en su delirio. Un esfuerzo más y llegó hasta ella. La sostuvo por el cuello, y sintió como los delicados brazos de la mujer se aferraban a sus hombros tratando de hundirlo.
Y de pronto, dos brazos más le tiraban de la cintura y dos más se aferraban a sus piernas, mientras dos brazos atenazaban duramente su garganta. Nauhí no comprendía. Todo era un mar de brazos que tiraban de él en todas direcciónes, y sólo una cabeza, sólo una mujer.
Una horrible Sireña. Una estirpe voraz nacida de sirenas, que lloraron cuatro cánticos, cuatro noches al rey de las aguas, para poseer dos extremidades. 33

Oh, Santo Dios....Jamás ví cosa igual y he andado por estos ríos años enteros! Si que con ustedes carga algún maleficio. 34
Dime Namur............¿debemos ir acaso por las Grutas que se adentran de los grandes riscos azules o cruzaremos el hostil desierto para llegar a tus tierras?-preguntó Nahuí. 35
Me temo que será conveniente adentrarnos en las lúgubres cavernas de las Rocaz Azules, a pesar que allí habiten seres extraños y muy huraños; pero si intentamos cruzar el desierto temo que no lleguemos a nuestro fin pues el sol arrecia inclemente querido Nahuí- Luego call— por un instante Namur y volvió a hablar pero esta vez con el rostro apesumbrado
-Sólo temo por los peligros que habitan en esas cuevas, hay seres que han atacado y diezmado ejércitos completos que decidieron cruzar por tales grutas. 36
Y la nave va...
Encaminándose hacia las grutas de las rocas azules.
Sólo Danor, el elfo, mira hacia atrás y ve en la orilla, resplandeciente en la luz del ocaso, un cuerpo desnudo. Carne de marfil y una larga cabellera rubia que se mece en el lento vaivén de las aguas. Sólo dos brazos. No hay cola. Dos estilizadas y hermosas piernas. Un pequeño hilo de sangre, manando del cuello la dibuja como un sueño roto, fragmentado.

"Extraño dios, ese dios de las aguas, que tras oir cuatro cánticos en cuatro noches, se ríe así de las sirenas, y sólo les entrega lo que piden con ansia, cuando cruzan a la otra orilla, ya desangradas"-Piensa el elfo, mientras mira con recelo a Namur.
Namur, lee en sus pensamientos y sonríe con amargura. Un destello de luz, cruza sus mentes, pero Danaor, aún no comprende. Afortunadamente Nauhí, distraído, sigue frotándose sus magulladuras con un ungüento a base de raices de sauco. 37
¿Pueden ser tan extraños los males eñor? Se preguntó Danor El Elfo.
Namur alcanzó a oirlo y contesto: Ni siquiera imaginais lo poderosas que pueden ser sus bestias,tan imponentes con dragones y tan listas capaz de hacer caer en su trampa a los mismísimos sabios.
Pero lo que no cuentan esas bestias es con el valor que sí creemos poseer. 38
Este río parece tan triste cantó Danor, luego sus cánticos se elevaron al cielo, como tratando de matar el silencio que pesaba en esa vasta soledad..
..".....en las tierras de Danuirth no habrá sol igual...
..que pueda acariciar....los valles vivos de mi Danuirth...
..las vides que extrañaré....solo quizás pueda calmar....
la dulzura y el placer.........de los labios de una mujer....
las tierras de danuirth...." Prosiguió cantando con los ojos ensimismados en el horizonte lejano. 39
Una hilera de niños encadenados hacen sonar los martillos. Las rocas azules, suenan con una música lúgubre de sudor y explotación, que reflejan sin embargo rostros ingenuos y bellos. Sólo los niños son capaces de entrar en las pequeñas galerías. Sólo sus manos pueden penetrar en las rendijas en las que la gruta destila las piedras mas brillantes.
El guardián del grupo duerme. Nadie puede robarle una piedra. Cada niño tiene su piedra, cada niño es un eslabón más en la cadena de niños. Sus piedras engarzadas, están bien seguras. ¿Quién podría liberar cientos de niños? No hay nave capaz de sostenerlos.
El guardián duerme. Si estuviese despierto, sería lo mismo. Así que duerme. Bajo sus ropas de guardián fiero, sus armas afiladas y su látigo silencioso, sueña.
El niño guardián, el que más piedras consiguió en la última temporada, sueña con ser un día un tallador de piedras.
Los martillos cantan su canción triste.
Nauhí siente encongerse su corazón y calcula el peso de la cadena de niños. Mide la superficie de la barca.
Danaor tararea, en un intento deseperado, canciones de amores y deseos.
Namur, una vez más, consulta su brújula...40
Nahuí...no os detengais en querer calmar el dolor de esos niños, debemos enfrentar al peligro verdadero y al mal supremo, y con el acabaran todas sus secuelas- Asintió NAMUR, como indiferente al entorno. 41
Nauhí oía sin escuchar. El peligro verdadero. Los martillazos acompañaban sus dudas, como segunderos de un reloj implacable, mientras dirgía una mirada al vigilante, cubierto con su pequeña armadura.
- Sólo un golpe certero y estará fuera de combate. Después, podemos hacer varios viajes...
Si pudiera liberar sólo un niño, uno sólo, tal vez los martillos dejarían de retumbar en mi cabeza...- pensaba mientras sacaba la honda de su morral, lleno de enseres útiles para preparar todo tipo de brevajes, capaces de aplacar todo tipo de sedes. 42
¿Acaso no he dicho que desviar el trayecto de la historia puede sernos peligroso?-Gritó Namur mientras le retenia la mano con la que Nahuí iba a encestar su tiro.
¿Mal crees que puede ser el que enfrentaremos?...mucho mas daño me hará el no haber hecho nada por ellos -Replicó Nahuí mientras observaba como el bote se alejaba cada vez mas del blanco, o sea del Guardia. 43
¿Y quién podría decir que este Argo no es capaz de liberar a aquellos niños? 44
Pero no hubo más tiempo para vacilaciones. Súbitamente el Guardia se incorporó y fijó su mirada sobre los extraños. Ya nada podía hacerse, nada al menos sensato. La corriente se los llevó, alejándolos de la historia que habría cambiado este cuento. 45
Una roca detuvo la barca justo bajo los pies del guardián. Parecía un imponente guardián con esa armadura extraña de metálicos reflejos. Los miró desafiante desde su atalaya y tomó una maza del suelo con la que golpear una luna plateada que, ondulante, colgaba tras su espalda.
Los talladores de piedras tenían que conocer la amenaza Extraños. Extraños en la cueva.

Namur, contuvo el aliento, pero lo dejó hacer. Hay cosas que resultan inevitables. Antes de que el disco de metal pudiera recibir el más mínimo roce, ya Nauhí había hecho girar la honda tres veces, y lanzado un mortal proyectil contra el feroz custoda.
Danor, recordando la cautividad de algunos de sus congéneres, detuvo los remos, y se encaramó a los riscos para intentar llegar hasta los niños. Ya Nauhí había desenvainado su espada. Cada hilera, cincuenta piedras, cincuenta martillos, cincuenta niños que sacan de la roca, las piedras azules. Las piedras que los talladores, convierten en sueños. Todos ellos sujetos por un cordón, de extraña textura que se enrosca a su cintura y los enlaza en mortífero collar. Ese hilo pegagojoso que custodia a cada uno, continúa hasta formar un cordón grueso al final de la galería.
Namur cierra los ojos, una lágrima recorre su rostro, antes de que el grito se esparza por la gruta. La espada de Nahuí, certera, cercena de un sólo tajo, ese cordón umbilical de la cueva que mantiene unidos a los niños.
Cesa la música triste. No hay golpes de martillo. Sus movimientos se ralentizan y lentamente comienzan a acurrucarse. Nauhí grita desesperado que les sigan, que son libres, que se deshagan de sus lazos en la cintura y bajen con ellos hasta la barca, volverán con sus familias, podrán ser libres, vivirán...
No comprende. Ninguno habla, ninguno se mueve. Despacio, muy despacio, empiezan a parecer sombras. Y mira aquél de allí, el de la cima, el primero, el más niño cuyos rizos parecían brillar con la luz de las tierras del sol, ya no es un niño, parece ya un cristal.
Danor no comprende,está furioso, y sólo zarandeando al muchacho acurrucado junto a sus pies, comprueba con horror que ese brazo viscoso que acaban de partir, hundía sus raíces en cada niño. Dándoles vida y esclavitud, indisolublemente juntas. Una vida y su precio pagadas a cada instante. Un martillo, un niño, una música triste, una piedra, algún día, ...un sueño.
Gritando de dolor, Nahuí vuelve hacia la barca. Al pasar junto al centinela, descubre horrorizado, al guardián. Es sólo un niño. Otro niño. Al único niño que pudo haber salvado. El único, no engarzado en la mortal cadena. 46

¡Oh Dios!.....mi camino acecha infortunios uno tras otro....¡maldita la sabiduría de quien me puso a mí a través de un destino tan fatal y abrumador!!-Dijo Nahuí gritando, con la voz desgarrada por el dolor
Namur quiso consolarlo pero inevitable, imposible, la desgracia era mucha.
La barca se alejó quien sabe a dónde pero Namur hizo el esfuerzo de acercarla a la orilla -Recordad que debemos atravesar por estas tierras para ir más al Norte -dijo. 47
Nahuí no lo escuchaba, para él, Norte o Sur ahora significaban lo mismo. Sólo un mar de silencio a su alrededor, sólo una bruma de dolor que lo ahogaba... Y de repente, allí estaba, justo en la orilla y sonriendo, pero, ¡oh, dios!, ¿Será acaso sólo un espejismo para bifurcar mi sufrimiento... Iceline lo observaba, desde la orilla y sonriendo. 48
La barca quedó varada en la orilla. No muchos metros más arriba, el río iba secando su cauce. Las tierras del sol se quedaban sin agua, y su sed se propagaba cada vez de forma más patente.
Estaban en la frontera, tierra de espejismos, cruce de caminos, y moradores de todas partes de la tierra que buscaban su destino. Namur buscó un lugar cómodo en el que sentarse, antes de decir: 49
"Si de esta manera la historia se ha comenzado a encaminar, ¡me temo que nos encontraremos con dificultades peores!" 50
Con esta expresión no sólo intentaba ser realista y fatal, sino que también divisaba el inminente futuro incierto que les esperaba. Pero entonces se acordó del sabio pensador que alguna vez se refirió a esta incómoda situación de la siguiente manera: 51
¿Hay prisa?, pues entonces, vayamos más despacio...
-Ja, ja, ja, rió Danaor- Esa mujer que os mira y sonríe no es Iceline.
- Bien cierto es que es ella, recuerdo sus largos cabellos rojizos y sus inmensos ojos azules. Ha pasado mucho tiempo, pero nunca olvidaré aquellos ojos.
- Haced caso al buen Danaor-sentenció Namur- Contemplad, sin más, esa otra joven que recoje agua en el pozo. Ved su cabellera de fuego ondeando en el viento mientras inclina su cuerpo para recoger el cántaro. Vereís muchas como ella, y sin embargo, aquí en la frontera, ninguna será Iceline.
- No comprendo, Namur.
Namur sonrió con ternura. Las cosas habían cambiado mucho en los últimos años. ¿ Recordaís los niños de la caverna? Claro que los recordaís. Tardaréis tiempo en olvidar el grito sordo de la gruta. Los talladores de sueños que habitan las grutas, desempeñaron durante años su oficio con maestría y precisión. Y durante años, los sueños llegaban a cada persona sin que nada alterara el orden de las cosas.
Pero entonces llegó la sequía a las tierras del sol, en otras tierras llegaron las guerras, y muchos se desplazaron a la frontera buscando nuevos destinos. Es dura la vida en la frontera, aquí se llega habiendo perdido parte de uno en el camino, y los que sobreviven en esta encrucijada tienen muchos más sueños. Miles de sueños. Para eso, los talladores comenzaron a llevarse los niños, para poder extraer más piedras.
Verás muchas mujeres como Iceline en la frontera, todas las que soñaron ser como ella, pero si os fijáis en el rictus de su sonrisa, veréis buen Nahuí, que esconde el anhelo del hijo que dieron como pago a su belleza. 52
Es extraño lo que me dices Danaor-replicó Nahuí, como exigiendo una segunda respuesta.........sólo hubo silencio 53
Tierras extrañas, si las hay....la verdad que nunca hubiera imaginado encontrarme con tantas sorpresas lejos de mi tierra. -se admiró Nahuí. 54
-Admirad entonces la belleza de este lugar, Nahuí.-dejó caer Namur- La vida que riega estos campos fronterizos, ved en los cantos de las mujeres y los verdores de los jardines, el último ricón en el que agua sobrevive. Oled en el viento los deseos furiosos que forman remolinos, los sueños, los cantos, los gritos. Contemplad la vida y la muerte en su apogeo.Pronto llegaremos a las tierras del sol. Una vez allí, será difícil volved a escuchar.
-Podemos pasar aquí la noche- Apuntó Danaor.

La noche sería larga. El camino que quedaba pequeño. La prisa era mucha. El tiempo vital.
Sin duda, era el momento de descansar y buscar una posada. 55
¿Es del otro lado de la montaña que nos espera el mundo inhóspito que tú mencionas? -dijo Danaor. -Pues entonces seguidme hasta donde yo creo nos espera una grata comida y un trato-De inmediato se dirigió costeando el río hasta unos casi 6 kilometros aguas abajo casi hasta donde el rio comenzaba a abrirse en decenas de cauces que no tardarían en morir, quizas en algun lago, quizás en el mismo aire 56
Llegamos ahí, en el vértice formado por el río sinuoso y cetrino; acompasado con los lánguidos árboles cuyas ramas se despliegan hacia el cielo como espigas que pretenden dañar a las nubes.
Un vistazo al centro del bosque fue suficiente para atisbar la base pronunciada de una pirámide truncada, que sin duda, pertenece a la más antigua cultura mesoamericana, moteada de piedrecillas jade que trastocaban el azúl celeste.
Equivocado estaba, eran ojos de esmeralda fugitivos de la impía modernidad del hombre. Por ello se ocultaban mimetizados entre las rocas de ese templo milenario. 57
Cuidado con los esejsmos......advirtió Namur 58
¿Aquí, esejsmos? -preguntó Danaor sobresaltado- estamos demasiado lejos de la Gran Montaña, estas no son sus tierras.
Danaor, no olvides que el nuestro no es tiempo de paz -le dijo Namur.
-Entonces, jamás lograremos llegar al Norte...
-No te anticipes a los hechos, Danaor, lejos de la Gran Montaña su poder disminuye.
¿Esejsmos? -repitió Nahuí como despertando de un largo sueño- nunca había oído hablar sobre ellos.
Tendrás tiempo de sobra para conocerlos -profetizó Namur- pero pase lo que pase, nunca los mires a los ojos.
¿Por qué? -preguntó Nahuí, esperando una respuesta que tal vez nunca llegaría. 59
La pirámide, un día lugar de sacrificios, era ahora un punto de encuentros.
Una mujer anciana, de larga cabellera blanca, atendía a los viajeros antes de que estos retomaran su camino.
Namur se acercó con respeto, y mirándole fijamente le mostró a sus compañeros.
Sus ojos esmeralda, recorrieron con detalle el rostro de Nahuí, anhelante, joven, lleno de una fuerza y un vigor desmesurado, que todavía dormía aplacado esperando una fuerza capaz de despertarlo. De momento, sólo las lágrimas cosechadas por el dolor de un viaje extraño eran perceptibles en sus ojos, que se abrían como pozos a la oscuridad más profunda.
-No lo resitirá.-dijo la anciana- Todavía es demasiado puro. No ha conocido aún la angustia de las sequías, ni las garras oprimiendo el pecho, cuando la luz se apaga.
-Lo hará, Laoda, he visto su corazón, y en lo más profundo de sí mismo, es duro como un diamante. Debemos solamente, hacer que su espíritu despierte, y salte dentro de sí la tormenta que devolverá la vida a las tierras del sol.

Unos metros más allá, en la espesura, Danor, el elfo, y Nahuí, se acercaban a la mesa dispuesta por la anciana para la cena con frutas y licores, mientras charlaban ajenos sobre la inconveniencia de mirar a los ojos a las hechiceras de cabellos rojos, que habitaban la frontera. 60
Me mantiene intrigado lo que habeis dicho sobre los ojos de esas hechizeras....¿acaso poseen algun encanto digno de una sirena?- Preguntó curioso Nahuí. 61
Danor, que vió en el brillo curioso de los ojos de Nahuí la lascivia que ya conocía de su compañero, le advirtió seriamente del peligro que entrañaba hollar las entrañas de las hechiceras con la jarda desnuda. No le quedó ni la más mínima duda de que Nahuí no pensaba hacerle caso. 62
Dime tu "Argo" no pensarás desobedecer en cierta forma aquello que estoy presagiandote...seria una falta que podria desencadenar un futuro incierto!_ aconsejo el Elfo(Danaor) 63
Sus encantos, Nahuí, son terribles y poderosos. Amigo, ellas pueden destruirte, llevan la muerte en sus pupilas: ellas tienen la desmesurada habilidad de poder robar tus recuerdos -dijo Danaor mientras su mirada se perdía entre las ondas del río. 64
Los frutos salpican la mesa, la luz de las lámparas de aceite juega a hacer nieblas en el viento y desdibuja los cabellos blancos de Laoda, los ojos esmeralda se clavan en sus pupilas, y Nauhí siente como su mano queda apresada. La mujer lo conduce a la escalinata, en la que sus pies vacilantes apenas pueden aposentarse en cada estrecho peldaño. Inicia la ascensión al templete que corona la pirámide truncada. A la luz del ocaso, los cabellos recuperan poco a poco el color azabache de la noche, y sus caderas ondulantes, meciéndose en ligero vaivén, hacen acelerarse la sangre de Nahuí.
En el improvisado lecho de flores y piedra, ella ha leído ya en él su primera letra, y lentamente comienza a desnudarlo.
_ Pasarás junto a mi, cuarenta noches , en los que el sol derramará cuarenta muertes sobre mis huesos. Después, serás libre._ Dijo ella.
Durante treinta y nueve noches, Nahuí acopló su cuerpo atlético sobre Laoda, que a cada ocaso, iba recobrando la lisura de la piel, replegando el vientre descolgado, tersando la orografía eroxionada de su cuerpo, irguiendo los pechos, despuntando al cielo, dos tensas camelias sedientas de riegos.
La tarde de la cuadragésima noche, Nahuí vio a Laoda mirar por el ventanuco del templete la llegada del último sol. Su piel había ido perdiendo las manchas de los amaneceres, para retornarse a la piel plateada de las lunas de la noche. Su cabello negro, resplandecía en ese último ocaso, mientras sus manitas, jugaban a atrapar el reflejo que la primera luna, ya visitante, dejaba en la cuba de agua.
Esa noche Laoda tendría apenas diez años. Nahuí sintió encogérsele el ánimo. No podía hacerlo. Debía evitar mirar los negros ojos de la niña, que habían vuelto de la esmeralda al carbón, si no quería una vez más, perder los últimos destellos de lucidez que conservaba.
Tomó apresururadamente su morral, lleno de enseres útiles para preparar brevajes para aplacar todo tipo de sedes, y junto con dos extraños artilugios, y dos hojas de hierbabuena, recurrió a las enseñanzas de los Argos, para preparar el elixir del sosiego.

El vuelo hipnótico de una mariposa errática que volaba en círculos paralizó el tiempo en el templo. La mariposa blanca, descuidada, posó su cuerpo diminuto sobre la lengua vibrante e indecisa del sapo, unos segundos antes de cruzar el dintel de piedra. Nahuí apuró su cuenco.
En la mesa, Danaor y Namur elogiaban la cena preparada por Laoda.

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Los misterios de esta aventura se tornan confusos mis amigos!_Dijo extrañado Nahui. A lo que Namur contestó, casi irónicamente:Por ello son misterios , por ello confunden , por ello debes estar atento, tu solo sabes lo que has hecho en estas horas en las que has estado ausente!
"...horas?...horas!?....no habeis reconocido los dian en que me aleje de vosotros...?...hablais de horas cuando no he estado por días!!!! .....que os ocurre? 66
Laoda ha saltado de la mesa y oculta su llanto tras el muro poblado de lilas buganbillas enredadas. Un rugido brama en la noche cuando arrancando las flores con sus manos trepa hasta la escalinata para gritar airada.

_ Yo te maldigo Nauhí. Mil veces te maldigo.Tú que pudiste haber sido mi consuelo, has sido débil y me condenas a la vida en la que el tiempo, no cuenta. Las hijas de las hijas de mis hijas, te perseguirán siempre en el ocaso, prendiendo en tus manos el dolor inmenso del ocaso contemplado. A tí, y a los hijos de tus hijos que pueblen tierra alguna.

Nauhí la oía sintiendo como su piel se inflamaba y se tornaba gélida sintiendo aún el embriagador perfume de sus caricias en el templo

_Y tú Namur- añadió- Bien puedes decir que lo has encontrado, y que de tu mano va ya el hombre que es capaz de cambiar los destinos. Pero quién sabe si inconsciente o consciente de su nombre, será capaz de devolver la vida a las tierras del sol, o sepultarla para siempre en la más terrible pesadilla. 67
Has dado el paso correcto,la decision acertada, pero es solo un indicio, no algo seguro_cuestionó Namur
Ahora debemos partir cuanto antes hacia mis tierras 68

Partieron mientras el alma entumecida de Nauhí, se preguntaba qué podía significar tomar una decisión correcta, cuando en esta lúgubre aventura no había podido salvar a nadie,llevando la muerte a cuantos desafortunados se cruzaban con su paso y sólo quien quería dejar la vida de los eternos, y remontarse hasta antes de su nacimiento, había obtenido de él una vida aún más larga.
Atrapada en su cuerpo de niña, mientras le escupía su grito centenario sobre la mesa de aquella cena, la imagen de Laoda maldiciéndole perseguía sus pasos, apareciéndosele a cada instante como una amenaza incierta. Estaba tan absorto en sus propios miedos que no tuvo tiempo de observar a sus compañeros de viaje.
Namur apretó el paso. La tierra del sol, esperaba su llegada y todo parecía discurrir tal y como había previsto. Sólo Danaor, comenzó a mirarle de una forma extraña, y apartándose le preguntó:

_ ¿ Qué le habéis hecho a Nauhí? Decidme,gran Namur, hace tiempo que comienzo a pensar que tal vez todo lo que hemos visto en esta ruta no es sino fruto de vuestra magia y vuestras oscuras intenciones con el fín de provocar en él esa angustia que le atenaza el pecho.
Namur no contestó y sonrió al Elfo.
_ ¿ No querreís hacer salir de él una bestia recurriendo a vuestros engaños y sortilegios?
_ Recordad, buen Danaor, que yo no fuí en busca de Nauhí, y fué el quien vino a mi presto para ayudarme._ contestó imperturbable, viendo que la luz se hacía cada vez más clara en los ojos del Elfo.
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Lilibeth irrumpió en la escena con su consabido don de la inoportunidad. Rubén Darío López la miró como sólo se mira cuando a uno lo invade el Psicópata: con ganas de follarla hasta romperla, tal vez incluso más. La ñocla de Lilibeth necesitaba calentamiento, eso es algo que todo rioplatense aprende cuando le desvirgan y Rubén Darío hace ya años que no sabe lo que es ser virgen. La agarró por las piernas y la izó hacia sus labios: comió ñocla de primero, ñocla de segundo y ñocla de postre ¿para beber?, ñocla, qué menos. Después vino el resto: anal, oral y el consabido misionero. Cuándo al terminar Rubén Darío preguntó ¿Lilibeth, qué tal? en principio para fomentar su propio orgullo pero con una cierta inseguridad, ella le respondió con un cigarrillo en los labios que aspiraba a enmascarar el regusto a polla madura de Darío: Casi tan bien como Namur, sólo casi. 70

La cena preparada por Laoda, había dejado en Nahuí ciertas alucinaciones que le asaltaban de vez en cuando. No podía precisar tampoco si había sido la cena, o los 39 soles que pasó con ella en el templo, pero lo cierto es que de pronto, mientras sus pasos cansinos y torpes se dirigían hacia las tierras del sol, Nauhí comenzó a visualizarse, no ya hacia atrás, como bien había aprendido a hacer en las tierras del los Argos, sino proyectándose hacia adelante, en todos y cada uno de los hijos recién maldecidos por Laoda.
Probablemente fué culpa de esta Laoda, que en un futuro lejano, el poeta de "Azul", perdiera el cerebro de su craneo después de muerto, aplastado por algún vehículo tras caer de un tarro de cristal y sú númen quedase únicamente reminiscente en aquel pequeño anormal, mudo, que recuperó de pronto la voz un día, y comenzó a escribir como su admirado Rubén.
Las tierras del sol, estaban próximas, no cabía la menor duda. 71
No pude esperar más y decidí tomar el té que el brujo yaqui, con tanto esmero, me lo obsequió en la aldea vecina. 72
Solo que ese té, ese maldito y amargo té, contenía ingredientes inesperados a los que ni el más resistente de los seres podía resistir. Fue apenas un instante. Desde el primer y quizás último sorbo hasta que ese liquido traicionero toco mi garganta. Ahí me di cuenta de que todo llegaba a su fin... 73

El té de las dudas. Con cada sorbo que atravesaba la garganta de Nauhí y Danaor, cada una de sus acciones comenzaron a ser puestas en entredicho.
-¿ Y si todo hubiera sido una trampa?, repetía el elfo, poco acostumbrado a los golpes de la fortuna. -Tal vez sería mejor abandonar, y volver a nuestras tierras. Después de todo, nada se nos ha perdido en las tierras del sol y poco importan los pequeños infortunios a los que nos vimos sometidos en tieras de Argos. Tú tenías allí buen nombre, Nahuí, y para un elfo como yo, hábil en el arte de esconderse nada puede ocurrir si decido regresar.

-No tiene sentido Danaor, yo he sido el que ha decidido cada una de las cosas que han sido expuestas ante nuestros ojos. Yo quien quiso salvar a la siraña y tuvo que matarla para sobrevivir, yo quien intentó liberar a los niños de la gruta provocando su muerte, yo el que no supo ver al niño guardián para salvarlo, yo el que aceptó el trato de Laoda y fui incapaz de llevarlo hasta su culminación. Nada hay de trampa en ello, salvo la que mi propia forma de ser haya emplazado para mi destino.
--l debió prevenirnos, Nauhí. Estoy seguro de que Namur sabía lo que iba a ocurrir.

Danaor, receloso, observaba como Nahuí afrontaba el camino que quedaba descubierto tras abandonar la jungla. Quiso escuchar los rumores últimos de las fieras agazapadas. Atrás quedaba la maleza exultante y el recuerdo de las lunas pasadas con Laoda. Su paso firme tambaleaba un poco, por la amargura de los posos que ese té había dejado en su garganta. Tal vez, lo peor, no había sido el té, sino esa nefasta costumbre rústica de servirlo en sucias latas. Pero un errante, sabe que hay cosas que no se puede aspirar a cambiar, y debe agradecer en el camino todo lo que le es ofrecido.

Al llegar al precipicio tras el cual se abrían cientos de caminos, el débil puente se presentó como una pasarela muy frágil para Danaor, que abrazando a Nahuí y previniéndole contra las artes nada claras de Namur, se despidió de él diciendo:

- Durante cien soles, esperaré tu regreso. Si no vuelves, sabré que allí has encontrado tu destino y regresaré sólo a las tierras de los Argos. Ten cuidado, Nauhí, y que la vida te acompañe. 74

A la noche siguiente Rubén Darío López -que había pasado todo el día esforzándose en llevar el primer premio en las Olimpiadas del Onanismo Compulsivo (OOC) con el propósito de tardar el mayor tiempo posible en correrse y darle a Lilibeth mayor placer del que jamás pudo darle Namur - a la noche siguiente, digo, Rubén Darío López volvió a tomar ñocla de primero, ñocla de segundo y ñocla de postre. ¿Para beber? ñocla, por supuesto. 75

Mientras sus pies cruzaban el puente, Nahuí miró a la profundidad de los abismos. Unos enormes cangrejos sangrientos, luchaban por remontar la escarpada roca abriendo sus tenazas en gestos compulsivamente violentos.
Su ritmo lento y pausado en la ascensión, dejaba adivinar las aviesas intenciones de cortar las débiles cuerdas que sostenían la pasarela. Acostumbrados a marchar siempre hacia atrás, las cumbres se les ofrecían como reto difícil pero atractivo. Las piernas de Nahuí, no desmerecían las de un futuro Joe Dimaggio. Habría pierna para comer durante generaciones...

Afortunadamente para Nahuí, sonó en ese momento el canto de los cangrejos hembra que reclamaban el apareamiento. De todo el mundo es conocido que los cangrejos de los abismos se aparean exclusivamente una vez cada dos años, por lo que pese a que sus filosos tentáculos rondaban ya los nudos de soga, cuando sintieron la llamada de la sangre, la llamada de la "ñocla" por ser mas precisos, retrocedieron sobre sus pasos y dejaron que las hembras, dieran cuenta de su festín carnal. ¡Raras costumbres las del marico!

Nahuí respiró aliviado, mientras mirando a Namur preguntó
¿ Llegaremos mañana? 76

ME TEMO QUE FALTA POCO MUY POCO, DONDE VEAS QUE LAS AGUAS YA NO CORREN, ¡ESE SERA INDICIO DE MIS TIERRAS! 77

Mis fuerzas no son las que esperaba....¿porqué tanto calvario, Namur, porqué?!! -ReplicÛ NahuÌ, casi derrotado por la fatiga y por no saber porque le faltaba valor para enfrentar las cosas- ¿Acaso yo era el elegido adecuado?.¿yo debía venir?-le cuestionÛ a Namur. 78

Mirando a un hombre vacilante y temeroso, Namur comprende que es el elegido. Un hombre que ha sobrevivido a las tierras de los Argos, y todavía conserva sus instintos. Un hombre que no ha renuciado al camino derrotado por el miedo, como el Elfo, ni tampoco ha quedado paralizado por la violencia incontenible que padece.
Cuando vea las tierras oscuras y agrietadas, cuando comprenda el dolor de las ramas secas, cuando vea a los que un día fueron sus iguales tan lejos de sí, tan poco humanos, sometidos al caprichoso dictado del hombre que los gobierna regulando el fluir de las aguas, para que así, sedientos, no puedan hacer otra cosa que plegarse a sus dictados, siempre dóciles, renunciando a sus propios deseos, estallará. -Piensa Namur.
Tiene en sus manos el poder de la destrucción sin saberlo. Arrasa aquello que quiere salvar, y sin duda, cuando vea a Iceline, querrá salvarla.
Si alguna vez sospechara, que el tirano es su propio hermano... eso podría arruinar mis planes, pero es la única alternativa que tenemos. Por otra parte, nunca demostró tener mucho apego a la familia, recordó Nahuí.

- Estás a tiempo de marcharte, Nauhí. Sólo tú sabes la respuesta. - le respondió Namur, mientras sus pies comenzaron a sentir ya el calor del desierto en cada paso. 79

¡Namur!...presiento que quieres partir......¿es cierto? ¿Danaor volverá? Dime si debo partir solo...o acaso también debo resolverlo yo!-preguntó Nahuí 80
Cuando tomé la última gota del té toda esta gama de cosas sucedió conmigo, y me preguntaba sin mucha convicción si realmente habrá sido necesario tomar el té para pasar por tantas viscicitudes, que lo único que se consigue es alterar más los sentidos y ya estaba experimentando un cambio en mi todo a mi alrededor que me empezó a resultar extraño, los nombres de los aldeños no los podía pronunciar, sólo uno que se hacía llamar Rubén; la primera impresión me resultó bien grasa, era su manera de caminar más que nada, cada tres pasos se paraba y miraba a un costao; me dije "por lo menos puedo pronunciar su nombre" y lo llamé, le dije "che Rubén ..te parece que vamos a llegar o estamos condenados a vivir con esta gente extraña", la verdad es que no me tiró ni una soga, me miraba y estaba como mudo, le dije "che Ruben, dale, qué pasa". Para mi sorpresa me responde con gemidos, dije "cagamos". 81
Luego de la pregunta que hiciera Nahui, Namur contestó.-No os dejaré, el destino me enconmendo buscarte y ahora es mi deber asegurar que llegues hasta mis tierras, nos quedan menos de dos dias y estaremos alli. No tengas miedo Nahui en enfrentar lo que ya has comenzado a transitar. 82
Entonces Nauhí deja atrás el puente.

Sus pasos lentos, se acomodan a la marcha de Namur, mientras oye unos gritos extraños que parecen llegar de lejos. Dos hombres moribundos reptan arrastrándose bajo la bruma de un sol implacable que castiga la tierra. Apenas se mueven
Están demasiado deshidratados como para llevárselos con ellos. Su agonía inaplazable no tiene ya salida. Sus rostros avejentados y curtidos por el sol, exhalan en su sudor las lágrimas de no haber alzancado la frontera a sólo una jornada.

- No vacíes en ellos las cantimploras, Nauhí, morirán en unos minutos. Tu pequeña ayuda puede costarles unas horas más de sufrimiento.

Nahuí ve como las suplicantes caras de los hombres le miran intentando arrancar de sus manos un milagro. Nauhi comprende que nada puede hacerse, sin embargo, se agacha y sujeta la cabeza del más viejo, que mirándole a los ojos, acierta a balbucear:

-Cuídate del Mago. Hombres como él, acabaro con la vida aquí.

El hombre muere mientras el brazo tembloroso de Nahuí sujeta su cuerpo casi podrido, abierto de llagas y heridas pestilentes, que este sol inmisericorde hace quemarse y arder sobre su consciencia.

Grazna un cuervo que espera en una roca cercana. Nahuí siente crujir sus huesos mientras escucha al más joven decirle

- Por favor, ayúdame..., ayúdame a morir. 83
Es duro ver tanto dolor, ajando la pupila de un hombre moribundo...¿este es el dolor del que has hablado Namur?...¿así muere la gente en tu tierra? 84
Sin duda estaba experimentando algo desconocido en mí, cuando los gemidos de Ruben trataban de comunicarme algo, mis sentidos más se confundían, entonces decidí proceder con pie firme en esta empresa, poco común. Dejé la mugrienta choza donde quedaba sólo Ruben y sus gemidos, para proseguir. Con trabajo corrí unas hojas tipo palmera injertada en climas humedos, y mirar que en una zona sin tantas malezas se estaba desarrollandop algo típico de una zona de estas características
Unos personajes de existencia sospechosa, entre ellos distinguí los mismos sujetos de nombre raro y dos pobres ancianos a expensas de esta confabulación de pensamientos insanos. Sigilosamente me acerqué para escuchar qué hablaban. 85
Pero Nahuí no escuchó nada Sus manos sostenían la cabeza del joven moribundo, mientras Namur con gesto adusto, le recitaba la fábula de las hormigas, y el dios omnisciente. Diciéndole que debía dejarle.
Entonces Nahuí, atragantado de asco, sintió como la nausea se había apoderado de él en el viaje, y en un esfuerzo por no caer devorado allí mismo, ante la martirizadora mirada del otro, se agachó y recogió la cabeza del moribundo, sosteniéndola,hasta que instantes después murió.
El llanto comenzaba a abrirse paso en el alma de Nauhí, mientras Namur comprendía que
no podía dejarlo abandonado, y había de poner su mano, sobre la de Nahuí, para ayudar al joven en su viaje.

Namur tuvo la etraña sensación, de que tal vez, Nauhí no era el hombre que estaba esperando, tal vez era el hermano del desastre, por que viendo la de muerte que se originaba a su paso, parecía ya claro que él era quien había matado a sus padres, y no Icel, su hermano que convivía con Iceline, y pese a no ser capaz de engendrar en ella la vida, sus leyes y normas habían traído la convivencia pública, y un orden, que si bien no daba posiblidades de avanzar, sostenía las cosas tal y como estaban. 86

Sin comprender esta situación me iba deslizando como una serpiente de cascabel, entre las malezas, que recordaba lejanos lugares de centro América, en dicha zona descampada una silueta alcanzaba a divisar de atras de allí que mi mente no la fragmentaba .
Por momentos era una dama de maneras femeninas y el salvaje origen la mostraba peligrosa y sesual, por momentos era un joven viril también de salvajes encantos; muchas preguntas llegaban a mi mente. Una de ellas era cómo había llegado acá, por eso y no saber de esta civilización, me apresuraba a veces demasiado y el crujir de las ramas podían llamar la atención a estas almas de costumbres poco comunes; los ancianos se ubicaban a la sombra de un enorme y añejo árbol, de características similares a los del continente Africano, y cantaban lo mismo una y otra vez. No dudé en pensar que estaban alucinados, o era en realidad una práctica desconocida en mí; decidí observar estas escenas sin pretención de escuchar sus conversaciones, así que un lugar de blando follaje serviría para pasar la tarde agradablemente como espectador. 87
La sombra del baobab fue bienvenida. Me senté sobre la grama y esperé. En la distancia se movían los seres, como fantasmas translúcidos, deformados por el delirio de la fiebre. Pasaron por mi mente escenas lejanas. Mis padres, mis vecinos, la gente querida de mi vieja y lejana aldea. Todo cambiaba. Ahora yo era uno de ellos, de los seres. Aquel es mi padre. No... yo no fui padre. Pero no, ya no era mi padre era el anciano...no el joven... la mujer...Muero y aquí acabará todo, a menos que ocurra el milagro. 88
Pensamientos sin rumbo atravesaban la tierra del sol, cuando Nauhi dejó al joven sobre la arena.Ecos de los temores de Danaor, querían abrise paso a través de la pasarela que habían dejado atrás, pero los abismos hacían que no pudieran llegar hasta el camino.
Fue entonces cuando Namur pensó que era el momento de llevar a Nauhí hasta la prisión, hasta la celda en la que debía descansar el principe del destino oscuro, para que la tierra del sol, recuperara algo de paz, quizá así una leve llovizna refrescaría la tierra dura y seca.

Y fue entonces, cuando ocurrió la escena más dolorosa del viaje, dos hombres a caballo pasaron junto a ellos dirigiéndose al galope, hasta una pequeña ladera en la que tres hombres y una mujer, explotaban un pozo natural que habían descubierto, y mantenido oculto a las severas normas de Icel. Los soldados cayeron sobre ellos, y en un instante, blandieron sus armas contra los ladrones del agua.

- Deténlos Namur, ¿por qué matan así a los que han tomado las aguas, acaso no sirven para que todos puedan beber de ellas?

Namur le explicó lo acaecido en los últimos años, la dureza de las tierras había obligado a su hermano a construir una gran presa, en la que se almacenaba el agua que había caído con los años. Los excasos recursos con los que contaban en este momento, había obligado a Icel a dictar leyes severas sobre el consumo de las aguas, y a penalizar con la muerte a los que se apropiaran de ella, incluso cuando hubieran encontrado fortuitamente un manatial.

- Ya basta, Namur, ¿qué maldito camino hemos emprendido en el que todo es desolación y muerte?, ¿ Es que no puedo hacer nada para evitarlo?, Yo, que dejé las tierras del sol, yo que únicamente traté de sanarlos, ...yo que vine para dar vida, sanar y aplacar sedes, tengo que ver cómo la muerte se encuentra a mi paso en cada momento?. No da vida solana ...tierra.

En ese instante Namur comprendió. Y vino a su mente el enigma depositado en la caja del consejo de los sabios. Por fin cobraba algo de sentido, y las amenazas en el otro lado de la balanza, comenzaron a ser más leves.
Namur se arrodilló y se tiró a los pies de Nahuí

_Perdoname, Nauhí, yo que he creido que necesitabas mi ayuda, y soy yo el que necesita de tu fuerza, es hora de que vayamos al castillo a conocer a tu hermano, es hora de que el hermano se encuentre con el hermano, es hora de que la mano derecha, sepa lo que hace la izquierda, y la siniestra conozca a la diestra.

Y mientras sus pasos los dirigían al castillo, Namur le fue contando su propia historia. 89

Decidí seguir agazapado entre la maleza, dado que la mayor de las dudas se hizo presente, no sabía si estaba en presencia de algo real, o todavía los efectos del té me hayan tranportado al mundo indecifrable de la fantasía. Ya mi respiración se hacía más profunda y espaciada, un sudor se deslizaba por mi frente, pero ya poco importaba, estar o no estar era la gran duda. 90

Fue entonces que lo vi. Se acercaba lentamente, con paso vacilante. Miraba a su alrededor como buscando algo. Me dio la impresión de estar perdido. Pensé que no me vería, escondido como estaba estre la maleza, al pie del árbol. Pero no fue así. Sentí como su mente se extendía buscando. Sentí como su pensamiento entraba en el mío. Se volvió lentamente y caminó hacia mí. Quedé paralizado. No sentía miedo, sólo una gran paz. 91

Entonces Namur, volviéndose, se dirigió a los extraños, que venían del abismo y les instó a que le acompañaran en su viaje. Parecían venir de lejos, tras una larga caminata y sus caras agrietadas por el esfuerzo, denotaban ansiedad.
Nahuí caminaba ahora con ligereza, tras haber conocido las noticias acerca de su nacimiento, y cómo fue separado de su reino, y alejado al destierro, para evitar que se cumplieran los terribles vaticinios que los magos habían lanzado en el día de su venida al mundo.

Al llegar a las murallas, un centinela bajó su estandarte para dar paso a la extraña comitiva.
Las mujeres vieron entrar a los cuatro hombres, mientras posaban sus ojos ante el gallardo rostro de Nauhí, sin duda más bello en su fiereza. Se sabía ahora portador de un gran destino, y conocía por fin sus orígenes. Había sido un largo viaje.
La escalinata que conducía a la sala de audiencias estaba forrada de una tela vasta y espigada, trenzada en miles de nudos extrañamente trazados con el fin de no perder una huella. Los pasos compartidos, por uno y sus otros.

Icelini miró profundamente a Nauhí cuando avanzaba hasta ellos. Algo en los ojos de Nahuí captó su atención y supo, definitivamente, que ese era el hombre que esperaba. Su pulso se aceleró un poco, pero manteniendo la calma, y evitando que Icel pudiera alcanzar a darse cuenta, inclinó su cabeza respetuosamente.

Fue entonces cuando Namur, aprovechando el momento, se dirigió a los extranjeros para preguntarles acerca de sus intenciones. 92
De repente aquella silueta que describir no podría, de salto felino llego al costado de aquel descampado, rodeado de malezas, arbustos del tipo amazónico; creí por momentos que era el lugar, que fue designado para jugar un picado, pero no, no era eso, era como un Forum de su gente nativa, y así se acercaba a unos forasteros que venían llegando.
Me daba lugar a pensar que eran gente de convicciones no poco claras, sus movimientos eran bruscos, sin denotar calma. Sonidos extraños llegaban, y un nativo con un palo largo señalaba el cielo, y luego gritaban poblando la selva de golpes a un árbol.
Los forasteros estaban vestidos con ropas de lino, y botas media caña, y así me quedé absorto mirando a la silueta hablando, a los forasteros, no sé, ¡qué carajo! 93
Ya en la sala mayor,el silencio comenzo a divagar tal cual un fantasma sin rumbo, eran muchos años sin ver la cara de su hermano. Y a pesar de la gran distancia que les pesaba, Iceline siempre habia tenido el recuerdo fijo de su hermano mayor_A qque se debe la honra de visitar mis tierras, hermano Querido?_preguntó, mientras que levantando su mano, le concedió a un siviente la orden para que le brindase a los visitantes un poco de la tan preciada agua.Dicha agua solo se ofreció en pequeñisimas vasijas, denotando la carencia absoluta delelemental liquido. De todas maneras, fue bien aprovechada. 94
El silencio coronó la sala nuevamente.......pasaron minutos sin una palabra hasta que la voz de Iceline, transformada, enbrutecida, arraigada en un sueño oscuro pronunció:
"¡Gracias Namur!...¡has cumplido con lo enconmendado!....Nahui....el único ser capaz de calmar la sed de mi reino y con ello destruir mis pretensiones ha sido traido hasta mi castillo, aquí no tenbdrás chance de preparar tus elixires de maravilla, el Poder...¡¡el último Poder es MIO!!!!!!!!! ¡¡¡El agua de esta tierra es MIIIIAAAAAA....HE GANADO!! ¡Con ello todos me obedecerásn si quieren una infimo trago de este elemento!! El poder es uno y el uno soy ¡Yo!
Nahuí, mutilado por el desconsuelo sólo atinó a comprender que le habían tendido una trampa, el propio Namur convencido por algún gran puesto en el reinado, y por Danaor, quien al alejarse, seguramente estaría, no sufriría de la sed de las tierras de Iceline, quien sabe que haría del otro lado del puente, lejos...muy lejos.
Asomó una lágrima en el rostro apesumbradode Nahuí ...una lágrima y una palabra...¡Todo ha terminado!95

FIN La historia no termina diga lo que diga Aguante. Si lo dijera Reinamora... 96

 

colaboradores:

1. Tato (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 16/03/99.
2. Daniel (D-irusta@hotmail.com) desde IP el 16/03/99.
3. Laclau (claugm@ciudadinternet.com.co) desde IP el 16/03/99.
4. VC (veliacm@hotmail.com) desde IP inter475.internet.com.mx el 16/03/99.
5. Lilibeth (Godiva-m@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 17/03/99.
6. Tato (Tranco2@hotmail.com) desde IP el 17/03/99.
7. Tony (jfernandez@telefe.com.ar) desde IP el 17/03/99.
8. Daniel (D-Irusta@hotmail.com) desde IP el 17/03/99.
9. Dario (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 18/03/99.
10. Selva (selva@ciudad.com.ar) desde IP host031171.ciudad.com.ar el 18/03/99.
11. Tato (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 19/03/99.
12. Lilibeth (Godiva-m@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 22/03/99.
13. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 22/03/99.
14. Julián (jucrisfe@sti.com.br) desde IP el 24/03/99.
15. Didac (Didac-c@yahoo.com) desde IP selene.etsimo.uniovi.es el 24/03/99.
16. Julián (jucrisfe@sti.com.br) desde IP el 25/03/99.
17. Muza (Didac-c@yahoo.com) desde IP ercina.si.uniovi.es el 25/03/99.
18. Lilibeth (Godiva-m@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 25/03/99.
19. Amperio Pelón (verdicio@yahoo.com) desde IP ercina.si.uniovi.es el 25/03/99.
20. Lilibeth (Godiva-m@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 25/03/99.
21. Tato@sldigital.com.ar (Aguante) desde IP el 25/03/99.
22. Valiente (curso@sldigital.com.ar) desde IP el 25/03/99.
23. Julián (jucrisfe@sti.com.br) desde IP dial-7-14.sti.com.br el 26/03/99.
24. Lilibeth (Godiva-m@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 26/03/99.
25. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 26/03/99.
26. Dario (trancos2@hotmail.com) desde IP el 29/03/99.
27. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 30/03/99.
28. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 30/03/99.
29. Hernan (pastenaca@hotmail.com) desde IP ppp-16.interar.com.ar el 31/03/99.
30. Dario (Trancos@hotmail.com) desde IP el 03/04/99.
31. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 06/04/99.
32. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 07/04/99.
33. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 08/04/99.
34. Aguante (tato@sldigital.com.ar) desde IP el 08/04/99.
35. Tato (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 09/04/99.
36. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 09/04/99.
37. Macarena (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 12/04/99.
38. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 12/04/99.
39. Dario (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 14/04/99.
40. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 14/04/99.
41. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 16/04/99.
42. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 16/04/99.
43. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 16/04/99.
44. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 16/04/99.
45. Andrea (cobas63@ciudad.com.ar) desde IP calamar2.prima.com.ar el 18/04/99.
46. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 19/04/99.
47. Aguante (tato@sldigital.com.ar) desde IP el 19/04/99.
48. Andrea (cobas63@ciudad.com.ar) desde IP calamar1.prima.com.ar el 19/04/99.
49. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 20/04/99.
50. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 21/04/99.
51. Rubén Darío López (rlopez@eng.fiu.edu) desde IP el 21/04/99.
52. Lilibeth (MacarenaMoreno@elpais.es) desde IP escp1.tsai.es el 22/04/99.
53. Dario (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 22/04/99.
54. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 23/04/99.
55. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 23/04/99.
56. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 23/04/99.
57. Erik Guarneros Loyo (eguarneros@correoweb.com.mx) desde IP el 23/04/99.
58. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 24/04/99.
59. Andrea (cobas63@ciudad.com.ar) desde IP calamar2.prima.com.ar el 24/04/99.
60. MacarenaMoreno (marketing@elpais.es) desde IP escp1.tsai.es el 26/04/99.
61. Dario (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 26/04/99.
62. Didac (Didac-c@yahoo.com) desde IP selene.etsimo.uniovi.es el 26/04/99.
63. Tato (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 26/04/99.
64. Andrea (cobas63@ciudad.com.ar) desde IP calamar1.prima.com.ar el 27/04/99.
65. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 28/04/99.
66. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 28/04/99.
67. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 28/04/99.
68. Aguante (tato@sldigital.com.ar) desde IP el 29/04/99.
69. Lilibeth (Lilith-m@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 30/04/99.
70. Didac (Didac-c@yahoo.com) desde IP ercina.si.uniovi.es el 30/04/99.
71. Lilibeth (PatriciaD-m@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 30/04/99.
72. Alberto Avila (pichiavila@aol.com) desde IP spider-th082.proxy.aol.com el 02/05/99.
73. Fero (ferosoriano@hotmail.com) desde IP el 03/05/99.
74. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 04/05/99.
75. Didac (Didac-c@yahoo.com) desde IP ercina.si.uniovi.es el 04/05/99.
76. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp2.tsai.es el 04/05/99.
77. Dario (Trancos2@hotmail.com) desde IP el 04/05/99.
78. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 04/05/99.
79. Lilibeth desde IP escp1.tsai.es el 05/05/99.
80. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 05/05/99.
81. Alberto (Pichiavila@aol.com ) desde IP spider-wd062.proxy.aol.com el 07/05/99.
82. Aguante (Tato@sldigital.com.ar) desde IP el 07/05/99.
83. Lilibeth (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 07/05/99.
84. Jonas (Jonas@hotmail.com) desde IP el 07/05/99.
85. alberto avila (Pichiavila@aol.com) desde IP spider-th043.proxy.aol.com el 09/05/99.
86. Lilibeth (Me he quedado sin mail de hotmail, al parecer, probemas con Microsoft¿?. Información sobre hormigas y gatos, y demás, en http://www.mundolatino.org/cultura/litera/cafe/) desde IP escp1.tsai.es el 10/05/99.
87. alberto (Pichiavila@aol.com) desde IP spider-wi041.proxy.aol.com el 10/05/99.
88. Reinamora (nxramos@apollogrp.edu) desde IP alydar.uophx.edu el 10/05/99.
89. Macarena Moreno (MacarenaMoreno@hotmail.com/marketing@elpais.es ( por poco tiempo)) desde IP escp1.tsai.es el 11/05/99.
90. Alberto (Pichiavila@aol.com) desde IP spider-th051.proxy.aol.com el 11/05/99.
91. Reinamora (nxramos@apollogrp.edu) desde IP alydar.uophx.edu el 11/05/99.
92. Macarena (MacarenaMoreno@hotmail.com) desde IP escp1.tsai.es el 12/05/99.
93. alberto (Oichiavila@aol.com) desde IP spider-wo074.proxy.aol.com el 12/05/99.
94. Aguante (tato@sldigital.com.ar) desde IP el 14/05/99.
95. Aguante (tato@sldigital.com.ar) desde IP el 14/05/99.
96. Increíble pero cierto (genxxi@bcsnetwork.es) desde IP selene.etsimo.uniovi.es el 14/05/99.

 

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